Esta mañana mientras estaba trabajando he pensado, comeré y me iré un rato a la playa. Como pienso todas las mañanas. Pero luego llego a casa, como, me entra sueño y me duermo en el sofá. Me da pereza salir porque total para ir sola, pues me quedo en casa, qué más me da.
Así que cuando me he despertado de la siesta y seguía aburrida como una ostra choricera, me he puesto a hacer magdalenas de chocolate, y la crema de calabacín para comer mañana.
Pero sigo aburrida. Y he pensado en llamar a C por si me acompañaba a dar una vuelta. Ya sabía que la respuesta iba a ser un no, pero yo no cejo en mi empeño de intentarlo. Acababa de llegar y estaba cansada.
Tanto pasaba yo de ella? Creo que no. Además que la situación es muy diferente, porque cuando yo estaba con mi niño solo nos veíamos un rato por la tarde, y el finde. Pero ella vive con K, están todo el día juntas, se ven en el trabajo, se pasan el resto del día juntas.
El sábado le puse un sms por si comíamos el domingo juntas. Había estado la semana anterior de vacaciones con ella y un amigo de ella y no nos habíamos visto hace días. Me dijo que mejor el lunes. No me sorprendió, me lo esperaba.
Siempre es igual, tengo que ir detrás intentando quedar un rato. Y siempre pienso que voy a pasar, que estoy harta de proponerle cosas y me diga que no, que otro día, que no le va bien.
Pero después de 20 años de amistad, de una relación muy estrecha, muy fuerte, de haber pasado tantas cosas, no quiero dejarlo estar.
La echo de menos, hace dos días se lo dije. Echo de menos hablar contigo, hacer algo juntas, es que ahora no estás en casa en ningún momento, ya no te puedo reñir por poner la bolsa de basura que no me gusta, ya no hacemos las cuentas de la compra, ya no te preparo la cena...
Ella solo contesta, si, lo sé. Y ahí queda todo. Si yo sigo insistiendo siempre acaba la cosa en discusión, y estoy cansada de discutir.
K me odia. Me odia mucho, y no le gusta que C venga conmigo. Y lo peor es que C lo consiente, cuando ella nunca ha sido así. Me sorprende mucho su comportamiento.
Sabe que estoy sola, que solo la tengo a ella aquí, y sabe que estoy deprimida. Cuando yo estaba con él y a ella la veía muy mal dejaba de quedar para irme con ella, para hacer algo y que se animara. Le decía, venga, vámonos a pasar la tarde a Barcelona, o nos íbamos a la playa, o al cine, donde fuera. Ella no lo hace.
Estoy segura que si fuera yo la que viviera con mi pareja no tardaría tanto en quedar. No digo el finde, sé que es cuando más puedes aprovechar a hacer cosas, pero entre semana, cualquier tarde, seguro que tendría un día fijo, como poco, para quedar con ella, para hacer algo, porque también la echaría de menos.
jueves, 15 de septiembre de 2011
martes, 13 de septiembre de 2011
Zapatos que hacen daño
Hoy he tirado unos zapatos que tenía en el armario y no me he puesto en todo el verano. Me los puse un día el año pasado y me hicieron rozaduras por todo el pie. Por los dos. No podía andar con ellos, pero ahí estaban. Hoy he dicho, para qué los guardo si es imposible ir con ellos? A la basura.
Si fuera todo así de fácil. Si fuera tan sencillo como abrir el cubo de la basura y tirar todo lo que nos hace daño, lo que nos molesta o no nos sirve. Habría muchas cosas que estarían ya en un contenedor.
Tiraría esta relación que a veces me hunde, que me está volviendo loca.
Pero si lo pienso bien, digo, no. No la tiraría. Porque hay muchas cosas que no me hacen daño. Porque como amigo se está portando genial conmigo. No me deja sola, se preocupa por mí y si tiene que esconderse para verme lo hace. Porque le importo. A pesar de todo lo demás. Cosa que otra gente no está haciendo.
La semana pasada tuvimos vacaciones y lo pasamos genial. Sin salir de aquí, sin hacer nada especial, excepto el jueves, que nos fuimos a Barcelona a pasar la noche para ir a ver a un dj que nos encanta. Lo pasamos tan bien.
Esta semana hemos quedado un rato por las tardes, y he estado tan a gusto. Vuelvo a casa con una paz, una tranquilidad... Y con una sonrisa en la cara, aunque sea un poco triste por no volver juntos.
Aún con todo, no cambio ni un minuto vivido a su lado. Tan solo quiero que cambien los que no puedo vivir.
Si fuera todo así de fácil. Si fuera tan sencillo como abrir el cubo de la basura y tirar todo lo que nos hace daño, lo que nos molesta o no nos sirve. Habría muchas cosas que estarían ya en un contenedor.
Tiraría esta relación que a veces me hunde, que me está volviendo loca.
Pero si lo pienso bien, digo, no. No la tiraría. Porque hay muchas cosas que no me hacen daño. Porque como amigo se está portando genial conmigo. No me deja sola, se preocupa por mí y si tiene que esconderse para verme lo hace. Porque le importo. A pesar de todo lo demás. Cosa que otra gente no está haciendo.
La semana pasada tuvimos vacaciones y lo pasamos genial. Sin salir de aquí, sin hacer nada especial, excepto el jueves, que nos fuimos a Barcelona a pasar la noche para ir a ver a un dj que nos encanta. Lo pasamos tan bien.
Esta semana hemos quedado un rato por las tardes, y he estado tan a gusto. Vuelvo a casa con una paz, una tranquilidad... Y con una sonrisa en la cara, aunque sea un poco triste por no volver juntos.
Aún con todo, no cambio ni un minuto vivido a su lado. Tan solo quiero que cambien los que no puedo vivir.
lunes, 5 de septiembre de 2011
Vacaciones raras
Esta semana estoy de vacaciones. Bueno, excepto mañana que voy a trabajar, unas vacaciones raras. Como todo últimamente.
Cogí esta semana porque no tenía ningún plan y él me pidió si podía cogerla para coincidir. Los planes, quedar de día porque claro, él tiene que volver a casa cuando ella vuelva de trabajar. Nada de salir de noche, ni de pasar la noche fuera, ni de venir a dormir conmigo. Eso sí, si todo sale bien, el jueves nos vamos a Barcelona a ver a Armin Van Buren, un dj que nos encanta, y con unas ganas de fiesta que tenemos increíbles. Espero que no haya ningún problema de última hora.
Me hace ilusión esta semana porque podré hacer algo con él, verle y disfrutar de muchos momentos. Aunque sepa que luego está con ella.
Me siento mejor cuando le veo, no bien del todo, pero sí mejor, porque me hace sentir bien. Cuando no nos vemos porque se va con ella yo me siento fatal. Pero bueno, es lo que tengo, lo que he aceptado.
Quiero que pase pronto el martes para poder estar por lo menos tres días seguidos a su lado.
Cogí esta semana porque no tenía ningún plan y él me pidió si podía cogerla para coincidir. Los planes, quedar de día porque claro, él tiene que volver a casa cuando ella vuelva de trabajar. Nada de salir de noche, ni de pasar la noche fuera, ni de venir a dormir conmigo. Eso sí, si todo sale bien, el jueves nos vamos a Barcelona a ver a Armin Van Buren, un dj que nos encanta, y con unas ganas de fiesta que tenemos increíbles. Espero que no haya ningún problema de última hora.
Me hace ilusión esta semana porque podré hacer algo con él, verle y disfrutar de muchos momentos. Aunque sepa que luego está con ella.
Me siento mejor cuando le veo, no bien del todo, pero sí mejor, porque me hace sentir bien. Cuando no nos vemos porque se va con ella yo me siento fatal. Pero bueno, es lo que tengo, lo que he aceptado.
Quiero que pase pronto el martes para poder estar por lo menos tres días seguidos a su lado.
miércoles, 31 de agosto de 2011
Un post raro
No sé qué contaros, que sigo igual, que mañana ella se va a Asturias otra vez y podré quedar con mi niño. Que la próxima semana él tiene vacaciones y yo también y podré aprovechar a hacer algo.
Que con C siguen las discusiones de vez en cuando porque está pasando mucho de mí, incluso de mi hermana con quien también ha discutido. Y si no, y casi peor, se obvia el tema y como si no pasara nada. A veces parecemos dos extrañas en vez de dos personas que han compartido veinte años de su vida.
Que me alegro que esto vuelva a tener un poco de animación, y me hace ilusión volver a leeros, que con esto de las vacaciones y el calor está bastante desanimado.
Aunque para desanimada yo, que ya me da igual todo, y no me apetece nada. Bueno, sí, tengo ganas de hacer muchísimas cosas, pero me falta la gente con la que me apetece hacerlo, y sobre todo mucho money jaja.
Que con C siguen las discusiones de vez en cuando porque está pasando mucho de mí, incluso de mi hermana con quien también ha discutido. Y si no, y casi peor, se obvia el tema y como si no pasara nada. A veces parecemos dos extrañas en vez de dos personas que han compartido veinte años de su vida.
Que me alegro que esto vuelva a tener un poco de animación, y me hace ilusión volver a leeros, que con esto de las vacaciones y el calor está bastante desanimado.
Aunque para desanimada yo, que ya me da igual todo, y no me apetece nada. Bueno, sí, tengo ganas de hacer muchísimas cosas, pero me falta la gente con la que me apetece hacerlo, y sobre todo mucho money jaja.
viernes, 19 de agosto de 2011
Aburrida otra vez
Otra vez estoy con el aburrimiento metido en el cuerpo. Tanto que no me apetece hacer nada, todo me da pereza o me aburre más. Hace mucho calor dentro y fuera de casa, y no me apetece ni moverme. Fuera al menos puedes llevarlo mejor, pero no tengo ni compañía ni pasta para hacer nada.
He pasado unos días bastante bien, muy bien. Estuve con él, hicimos muchas cosas y lo pasamos en grande. Luego vino mi hermana y compañía y tampoco paramos en todos los días, así que estuve muy entretenida. Acababa agotada todos los días. Ir al ritmo de mi sobrino agota, porque no para, y cuando sales a pasear me agota porque su paso es tan lento que me cansa más todavía. Pero al menos estaba acompañada, entretenida, y no tenía tanto tiempo para pensar.
Ahora he vuelto a la rutina, al aburrimiento, y sé que es preludio de la depresión. Otra vez. Ya me aburre hasta deprimirme.
El martes por la mañana se fueron ya, pero aproveché la tarde para recoger un poco la casa y descansar. No me importó estar sola en casa, casi lo agradecí. Al día siguiente me llamó él para quedar, así que estuve genial. Ayer ya no pudo, y ya empecé otra vez a aburrirme y a darle vueltas a la cabeza. Hoy he tenido fiesta, he ido a la playa por la mañana, pero toda la tarde en casa ya me agobia. Y toda la noche, y lo que queda del finde, más que seguramente.
Ahora espero el día 1 de septiembre en el que ella volverá a marcharse tres días, y podré salir con él. Y la semana siguiente que tiene vacaciones mi niño y he cogido yo también para coincidir, así que podremos aprovechar los días. Algo es algo.
Espero recibir una llamada de mi amigo el que vive en Barcelona, pero no creo que llame, últimamente viene siempre con su novia, antes venía sin ella, o no viene, y hace un montón que no nos vemos.
Así que mi único plan es ir mañana a la playa, ya no sé ni a cual ir, porque ya todas me aburren, todas están atestadas de gente, y en todas es siempre lo mismo.
Tengo ganas de hacer algo diferente, con él, de irme a algún sitio, pero está el problema del dinero, que todo cuesta mucho y en cuatro cosas que haces se te ha ido.
Me gustaría salir a cenar y a tomar algo, aprovechar estas noches de verano que tanto me gustan, arreglarme, estar en la calle y no pasando calor en casa. Pero no hay manera. Os podéis creer que en todo lo que llevamos de verano solo he salido tres noches a cenar? Un día con C aprovechando que no estaba K, otro día con mi amigo el que estuvo aquí una semana, y el día que llegó mi hermana. Es o no para aburrirse?
En fin, seguiré tirada en el sofá, o sentándome en el balcón a tomar una copa, o yéndome pronto a la cama para leer. Esas son mis noches locas de verano.
He pasado unos días bastante bien, muy bien. Estuve con él, hicimos muchas cosas y lo pasamos en grande. Luego vino mi hermana y compañía y tampoco paramos en todos los días, así que estuve muy entretenida. Acababa agotada todos los días. Ir al ritmo de mi sobrino agota, porque no para, y cuando sales a pasear me agota porque su paso es tan lento que me cansa más todavía. Pero al menos estaba acompañada, entretenida, y no tenía tanto tiempo para pensar.
Ahora he vuelto a la rutina, al aburrimiento, y sé que es preludio de la depresión. Otra vez. Ya me aburre hasta deprimirme.
El martes por la mañana se fueron ya, pero aproveché la tarde para recoger un poco la casa y descansar. No me importó estar sola en casa, casi lo agradecí. Al día siguiente me llamó él para quedar, así que estuve genial. Ayer ya no pudo, y ya empecé otra vez a aburrirme y a darle vueltas a la cabeza. Hoy he tenido fiesta, he ido a la playa por la mañana, pero toda la tarde en casa ya me agobia. Y toda la noche, y lo que queda del finde, más que seguramente.
Ahora espero el día 1 de septiembre en el que ella volverá a marcharse tres días, y podré salir con él. Y la semana siguiente que tiene vacaciones mi niño y he cogido yo también para coincidir, así que podremos aprovechar los días. Algo es algo.
Espero recibir una llamada de mi amigo el que vive en Barcelona, pero no creo que llame, últimamente viene siempre con su novia, antes venía sin ella, o no viene, y hace un montón que no nos vemos.
Así que mi único plan es ir mañana a la playa, ya no sé ni a cual ir, porque ya todas me aburren, todas están atestadas de gente, y en todas es siempre lo mismo.
Tengo ganas de hacer algo diferente, con él, de irme a algún sitio, pero está el problema del dinero, que todo cuesta mucho y en cuatro cosas que haces se te ha ido.
Me gustaría salir a cenar y a tomar algo, aprovechar estas noches de verano que tanto me gustan, arreglarme, estar en la calle y no pasando calor en casa. Pero no hay manera. Os podéis creer que en todo lo que llevamos de verano solo he salido tres noches a cenar? Un día con C aprovechando que no estaba K, otro día con mi amigo el que estuvo aquí una semana, y el día que llegó mi hermana. Es o no para aburrirse?
En fin, seguiré tirada en el sofá, o sentándome en el balcón a tomar una copa, o yéndome pronto a la cama para leer. Esas son mis noches locas de verano.
miércoles, 3 de agosto de 2011
La realidad
Ella se va a Asturias mañana, hasta el próximo miércoles. Así que podremos vernos todos los días, aunque tenga que volver a casa para cuando le llame al fijo.
Habíamos quedado hoy ya, pero se ha confundido de día y tendré que esperar hasta mañana. Estoy muy contenta de poder verle, de poder disfrutar del finde con él, de compartir unas cuantas horas.
Pero también estoy triste. Porque sé que es pasajero, que no llevará a ninguna parte.
No me engaño. Aunque a veces lo parezca, aunque a veces esté tan emocionada que me ilusione y quiera soñar con que las cosas cambiarán. De sobra sé que no. Nadie mejor que yo lo sabe.
Toda esta relación me crea dudas, ansiedad, locura, pero también me da algo que nadie me ha dado, me siento tan bien a su lado cuando consigo olvidarme de que tiene que volver con otra.
Siento tanto amor estando con él, mirándole, cuando hacemos el amor, siento como si me hinchara y pudiera explotar de amor, de felicidad. Realmente es una sensación que nunca había sentido, y creo que todo el mundo debería sentirla una vez en su vida, porque es tan inexplicable, y tan maravillosa...
No es que no acabe con esto porque estoy sola y así de vez en cuando hago algo. No es porque quiera agarrarme a él como a un clavo ardiendo. No es porque esté obsesionada ni nada parecido. Simplemente le quiero y me cuesta muchísimo separarme de él. Aún con todo lo que sé y todo lo que hay. Y lo que no hay. Y sé que parece cobarde, pero ya lo he intentado y al final siempre caigo, caemos, sin poder evitarlo.
Juro que nadie más que yo quiere estar bien, ser feliz, no depender de estos momentos robados.
No es todo tan fácil como salir a conocer gente. Yo nunca he tenido ese don, me cuesta muchísimo, porque soy tímida, porque me cuesta congeniar con alguien, porque en realidad soy bastante asocial. Por mucho que me apuntara a mil actividades no creo que acabara conociendo a nadie, porque no me lanzo a ir con alguien que no conozco casi. Soy rara.
Mi grupo de amigos ya sabéis cómo es, lo he contado otras veces, así que no puedo contar con ellos para salir, divertirme y olvidarme de todo, ni para mezclarme con otra gente o que me presenten a alguien interesante.
No nos engañemos, si me resultaba complicado conocer gente, o chicos, con veinte y treinta años no digo nada lo que cuesta a los cuarenta. Vale, habrá gente que lo haga, pero yo no soy así.
No tengo ganas de meterme en chats ni webs de relaciones, porque ya lo hice una vez y en este momento me siento como si me vendiera, como si me pusiera en un escaparate a ver a quién le gusto, y la verdad, la mayoría son viejos verdes o gente que quiere pillar cualquier cosa. No me gusta, no estoy preparada.
Ya me gustaría tener un grupo de amigas, solo chicas, para salir de vez en cuando , para que me apoyaran cuando estoy mal y poder hablar de todas estas cosas. Pero no es mi caso.
Por eso me cuesta tanto separarme de él, porque con él congenio del todo, porque nos entendemos, porque somos muy parecidos, igual de raros, porque no nos gusta mezclarnos con mucha gente, con casi nadie, y nos encanta ir a nuestra bola. Porque aunque a veces me desestabilice en realidad me da el equilibrio que necesito. Cuando ando perdida o como loca él me habla y hace que vuelva a la realidad, que vea las cosas como son y me centre. Sabe cómo animarme y cómo hacerme reir. Lo mismo que yo a él. Sabe lo que me pasa sólo con mirarme. Acaso todo eso es fácil de encontrar?
Más difícil es de dejar.
No cierro puertas a nada ni a nadie, pero tampoco ando desesperada por encontrarlo.
Solo siento no tener amigos con los que poder evadirme, salir, olvidarme y hacer que todo sea más llevadero. Es más complicado cuando pasas la mayor parte del día sola. Por mucho que hagas, tienes mucho tiempo para pensar.
Por eso me desahogo aquí, cuento cómo me siento, el día que estoy bien y el día que estoy mal. El día que le odio y el día que me muero por él. El día que me ilusiono y el que bajo al suelo. Los días que sueño y los días que despierto.
A veces solo necesito que me escuchen, que me apoyen, que me entiendan.
Habíamos quedado hoy ya, pero se ha confundido de día y tendré que esperar hasta mañana. Estoy muy contenta de poder verle, de poder disfrutar del finde con él, de compartir unas cuantas horas.
Pero también estoy triste. Porque sé que es pasajero, que no llevará a ninguna parte.
No me engaño. Aunque a veces lo parezca, aunque a veces esté tan emocionada que me ilusione y quiera soñar con que las cosas cambiarán. De sobra sé que no. Nadie mejor que yo lo sabe.
Toda esta relación me crea dudas, ansiedad, locura, pero también me da algo que nadie me ha dado, me siento tan bien a su lado cuando consigo olvidarme de que tiene que volver con otra.
Siento tanto amor estando con él, mirándole, cuando hacemos el amor, siento como si me hinchara y pudiera explotar de amor, de felicidad. Realmente es una sensación que nunca había sentido, y creo que todo el mundo debería sentirla una vez en su vida, porque es tan inexplicable, y tan maravillosa...
No es que no acabe con esto porque estoy sola y así de vez en cuando hago algo. No es porque quiera agarrarme a él como a un clavo ardiendo. No es porque esté obsesionada ni nada parecido. Simplemente le quiero y me cuesta muchísimo separarme de él. Aún con todo lo que sé y todo lo que hay. Y lo que no hay. Y sé que parece cobarde, pero ya lo he intentado y al final siempre caigo, caemos, sin poder evitarlo.
Juro que nadie más que yo quiere estar bien, ser feliz, no depender de estos momentos robados.
No es todo tan fácil como salir a conocer gente. Yo nunca he tenido ese don, me cuesta muchísimo, porque soy tímida, porque me cuesta congeniar con alguien, porque en realidad soy bastante asocial. Por mucho que me apuntara a mil actividades no creo que acabara conociendo a nadie, porque no me lanzo a ir con alguien que no conozco casi. Soy rara.
Mi grupo de amigos ya sabéis cómo es, lo he contado otras veces, así que no puedo contar con ellos para salir, divertirme y olvidarme de todo, ni para mezclarme con otra gente o que me presenten a alguien interesante.
No nos engañemos, si me resultaba complicado conocer gente, o chicos, con veinte y treinta años no digo nada lo que cuesta a los cuarenta. Vale, habrá gente que lo haga, pero yo no soy así.
No tengo ganas de meterme en chats ni webs de relaciones, porque ya lo hice una vez y en este momento me siento como si me vendiera, como si me pusiera en un escaparate a ver a quién le gusto, y la verdad, la mayoría son viejos verdes o gente que quiere pillar cualquier cosa. No me gusta, no estoy preparada.
Ya me gustaría tener un grupo de amigas, solo chicas, para salir de vez en cuando , para que me apoyaran cuando estoy mal y poder hablar de todas estas cosas. Pero no es mi caso.
Por eso me cuesta tanto separarme de él, porque con él congenio del todo, porque nos entendemos, porque somos muy parecidos, igual de raros, porque no nos gusta mezclarnos con mucha gente, con casi nadie, y nos encanta ir a nuestra bola. Porque aunque a veces me desestabilice en realidad me da el equilibrio que necesito. Cuando ando perdida o como loca él me habla y hace que vuelva a la realidad, que vea las cosas como son y me centre. Sabe cómo animarme y cómo hacerme reir. Lo mismo que yo a él. Sabe lo que me pasa sólo con mirarme. Acaso todo eso es fácil de encontrar?
Más difícil es de dejar.
No cierro puertas a nada ni a nadie, pero tampoco ando desesperada por encontrarlo.
Solo siento no tener amigos con los que poder evadirme, salir, olvidarme y hacer que todo sea más llevadero. Es más complicado cuando pasas la mayor parte del día sola. Por mucho que hagas, tienes mucho tiempo para pensar.
Por eso me desahogo aquí, cuento cómo me siento, el día que estoy bien y el día que estoy mal. El día que le odio y el día que me muero por él. El día que me ilusiono y el que bajo al suelo. Los días que sueño y los días que despierto.
A veces solo necesito que me escuchen, que me apoyen, que me entiendan.
miércoles, 27 de julio de 2011
Quizá algún día
Estoy cansada. Y no me extraña, supongo que es por los cuatro días que he pasado. Supongo que es una mezcla de todo, de nervios, de alegría, de excitación, de movimiento...
Yo sé lo que me hace falta para estar bien. Lo sé hace tiempo, pero una vez más lo he corroborado.
Él. Mi niño. Mi ex. Mi vida. Mi locura. Ya no sé cómo llamarlo.
Hace justo una semana que nos encontramos en la playa, cerca de nuestro sitio. Yo fui al bosque porque me apetecía caminar un rato y no sólo sentarme en la arena. Sabía que había posibilidades de que estuviera, pero tampoco sabía si estaría solo o acompañado. Iba muy nerviosa, pero en el fondo no podía irme de allí, por si lo veía, y porque también tengo derecho a ir a los sitios que me gustan.
Entonces nos encontramos de frente. El se quedó alucinado, y a mí casi me da un patatús de los nervios que llevaba y verlo a él solo delante de mí. Fue un poco raro, pero se alegró de verme. Nos fuimos a un sitio más tranquilo a hablar. Allí me abrazó, dijo que tenía muchas ganas, que me había echado mucho de menos, que con ella no acababa de estar bien del todo, que no sabía cómo iba a acabar todo, que salían y hacían cosas pero en plan bastante sedentario. En fin, lo de siempre, pero un poco más agobiado. Nos besamos, nos abrazamos otra vez, me preguntó al oído si le había echado de menos.
Cuando ya nos fuimos y salimos al camino principal él se adelantó por si ella le esperaba fuera o cualquier cosa, en el fondo todo sigue igual. Le volví a repetir que era por eso que había querido dejarlo, que no quiero esconderme para estar con él ni tengo por qué hacerlo. No sabía cómo despedirse, ninguno decía la última palabra, hasta que al final le dije, anda vete, me besó en la mejilla y se marchó. A los pocos pasos se volvió a mirarme, me sonrió y me dijo adiós con la mano.
Ya no hablamos, ni pasó nada, hasta el sábado por la tarde, que estaba yo en casa con mi dolor de garganta y echa un asco cuando sonó el teléfono. Era un número de Barcelona y me extrañó, pero lo cogí de todos modos. Habían ido a pasar allí el día, habían discutido y cada uno por su lado. El estaba esperando el tren y como tenía el coche aquí y tenía que pasar cerca de mi casa me preguntó si podía subir un rato cuando llegara.
Cómo iba a negarme, estaba mal y no podía decirle que no. Vino un rato, poco, porque tenía que marcharse para no llegar muy tarde a casa. Hablamos, nos acostamos y le dije, dime que no me echas de menos solo por esto. El en broma contestó que claro que sí. Y luego añadió, ese es el problema, que no te echo de menos solo por esto.
A la mañana siguiente me llamó, me preguntó qué tal estaba y me dijo que me iba a proponer una cosa. Ir a pasar el día a Peñíscola. Claro que sí!
Fuimos para allá, paseamos y nos dimos una buena caminata por todo el paseo marítimo. Comimos nuestra paella con langosta y brindamos con sangría. Nos dimos un paseo por el pueblo, tomamos un cocktail, y luego nos fuimos al cine.
Hacía tanto que no íbamos juntos, que tenía tantas ganas de hacerlo, que disfruté como una enana. No me acordaba de nada, ni del dolor de garganta ni de los malos ratos. Aunque salió la inevitable conversación de siempre lo pasamos genial.
El caso es que pudimos hacer todo eso porque ahora no lleva móvil, y claro, ella no lo puede localizar y está tranquilo. Se ve que tuvieron una discusión, él lo tiró al suelo y lo rompió. No sabía yo que llegaban a tanto sus discusiones. Y esto fue en el poco tiempo que estuvimos sin hablarnos ni vernos. Le dije que ahora no sería porque sospechara porque no nos habíamos visto, pero parece que tienen varios frentes abiertos y al final todo acaba en lo mismo.
El lunes me llama y me propone ir a comer al chino. Vale!
Le esperé, comimos, que también hacía muchísimo que no íbamos allí, fuimos a tomar algo y luego vinimos a casa. No sé qué nos pasa que nos ponemos como locos, hicimos el amor en el sofá, uno de esos polvos que te dejan agotada y extasiada. Se fue sobre las ocho y media de la tarde, ni siquiera nos habíamos dado cuenta de la hora.
Ayer, me dice que podríamos ir a comer fuera, pero que como había gastado mucho, y yo tampoco tenía ya nada, la verdad, que si viene a casa. Yo encantada de prepararle otra vez sus espaguetis, de estar con él aquí.
Se duchó al llegar y cuando vio la mesa puesta que tampoco había nada del otro mundo, dijo, hala que guay. La verdad que aunque no fuera por la noche y no estuviésemos a la luz de las velas daba una sensación de intimidad, no sé cómo explicarlo.
Sobremesa en el sofá, tumbados, abrazados, hablando, riendo. Preguntando qué pasaría. No lo sé. Tú quieres arreglar las cosas con ella no? para eso la quieres, se supone que estás enamorado de ella, no quieres que se vaya a Murcia no? (parece que ella quería pedir un traslado allí porque había una vacante y así alejarse)
-Es que no lo sé, yo quiero estar con las dos.
- Pero eso no puede ser, ya lo sabes.
- Ya.
- Entonces si la quieres a ella, está claro
- Es que tampoco acabo de estar bien del todo solo con ella.
- Ya, pero me dijiste que cuando estuviste solo conmigo te faltaba algo, que se supone que es lo que tienes con ella.
Al final como siempre, no arreglamos nada, disfrutamos del momento, volvimos a hacerlo en el sofá y cada vez mejor.
Estos días, no me ha dolido nada, he estado de mejor humor, no me molestaba todo. He disfrutado de estar en el cine con él, de estar tumbados en el sofá y él abrazándome, de nuestras conversaciones de cualquier tema, de descubrir cosas, de confesarnos cosas, de reirnos, de compartir las horas. Casi he conseguido olvidarme de todo.
Hoy no hemos quedado, ya me dijo que seguramente irían a la playa donde siempre, y me ha llamado que al final iban a hacer otra cosa, por si quería ir yo allí. Pero hoy estaba tan cansada que me he quedado en casa, además el tiempo está chunguillo y mi garganta no acaba de curarse, así que he preferido quedarme. No sé cuándo volveremos a vernos. No sé si hoy y los siguientes días estarán bien o volverán a discutir enseguida. Pero sé que me echará de menos, aunque no arregle las cosas. Sé que volveré a caer con todo el equipo. Pero también sé que al menos haré algo.
Quizá esta vez, ahora que ha visto que con ella no está del todo bien, cambien las cosas. O quizá no.
Ya se verá.
Yo sé lo que me hace falta para estar bien. Lo sé hace tiempo, pero una vez más lo he corroborado.
Él. Mi niño. Mi ex. Mi vida. Mi locura. Ya no sé cómo llamarlo.
Hace justo una semana que nos encontramos en la playa, cerca de nuestro sitio. Yo fui al bosque porque me apetecía caminar un rato y no sólo sentarme en la arena. Sabía que había posibilidades de que estuviera, pero tampoco sabía si estaría solo o acompañado. Iba muy nerviosa, pero en el fondo no podía irme de allí, por si lo veía, y porque también tengo derecho a ir a los sitios que me gustan.
Entonces nos encontramos de frente. El se quedó alucinado, y a mí casi me da un patatús de los nervios que llevaba y verlo a él solo delante de mí. Fue un poco raro, pero se alegró de verme. Nos fuimos a un sitio más tranquilo a hablar. Allí me abrazó, dijo que tenía muchas ganas, que me había echado mucho de menos, que con ella no acababa de estar bien del todo, que no sabía cómo iba a acabar todo, que salían y hacían cosas pero en plan bastante sedentario. En fin, lo de siempre, pero un poco más agobiado. Nos besamos, nos abrazamos otra vez, me preguntó al oído si le había echado de menos.
Cuando ya nos fuimos y salimos al camino principal él se adelantó por si ella le esperaba fuera o cualquier cosa, en el fondo todo sigue igual. Le volví a repetir que era por eso que había querido dejarlo, que no quiero esconderme para estar con él ni tengo por qué hacerlo. No sabía cómo despedirse, ninguno decía la última palabra, hasta que al final le dije, anda vete, me besó en la mejilla y se marchó. A los pocos pasos se volvió a mirarme, me sonrió y me dijo adiós con la mano.
Ya no hablamos, ni pasó nada, hasta el sábado por la tarde, que estaba yo en casa con mi dolor de garganta y echa un asco cuando sonó el teléfono. Era un número de Barcelona y me extrañó, pero lo cogí de todos modos. Habían ido a pasar allí el día, habían discutido y cada uno por su lado. El estaba esperando el tren y como tenía el coche aquí y tenía que pasar cerca de mi casa me preguntó si podía subir un rato cuando llegara.
Cómo iba a negarme, estaba mal y no podía decirle que no. Vino un rato, poco, porque tenía que marcharse para no llegar muy tarde a casa. Hablamos, nos acostamos y le dije, dime que no me echas de menos solo por esto. El en broma contestó que claro que sí. Y luego añadió, ese es el problema, que no te echo de menos solo por esto.
A la mañana siguiente me llamó, me preguntó qué tal estaba y me dijo que me iba a proponer una cosa. Ir a pasar el día a Peñíscola. Claro que sí!
Fuimos para allá, paseamos y nos dimos una buena caminata por todo el paseo marítimo. Comimos nuestra paella con langosta y brindamos con sangría. Nos dimos un paseo por el pueblo, tomamos un cocktail, y luego nos fuimos al cine.
Hacía tanto que no íbamos juntos, que tenía tantas ganas de hacerlo, que disfruté como una enana. No me acordaba de nada, ni del dolor de garganta ni de los malos ratos. Aunque salió la inevitable conversación de siempre lo pasamos genial.
El caso es que pudimos hacer todo eso porque ahora no lleva móvil, y claro, ella no lo puede localizar y está tranquilo. Se ve que tuvieron una discusión, él lo tiró al suelo y lo rompió. No sabía yo que llegaban a tanto sus discusiones. Y esto fue en el poco tiempo que estuvimos sin hablarnos ni vernos. Le dije que ahora no sería porque sospechara porque no nos habíamos visto, pero parece que tienen varios frentes abiertos y al final todo acaba en lo mismo.
El lunes me llama y me propone ir a comer al chino. Vale!
Le esperé, comimos, que también hacía muchísimo que no íbamos allí, fuimos a tomar algo y luego vinimos a casa. No sé qué nos pasa que nos ponemos como locos, hicimos el amor en el sofá, uno de esos polvos que te dejan agotada y extasiada. Se fue sobre las ocho y media de la tarde, ni siquiera nos habíamos dado cuenta de la hora.
Ayer, me dice que podríamos ir a comer fuera, pero que como había gastado mucho, y yo tampoco tenía ya nada, la verdad, que si viene a casa. Yo encantada de prepararle otra vez sus espaguetis, de estar con él aquí.
Se duchó al llegar y cuando vio la mesa puesta que tampoco había nada del otro mundo, dijo, hala que guay. La verdad que aunque no fuera por la noche y no estuviésemos a la luz de las velas daba una sensación de intimidad, no sé cómo explicarlo.
Sobremesa en el sofá, tumbados, abrazados, hablando, riendo. Preguntando qué pasaría. No lo sé. Tú quieres arreglar las cosas con ella no? para eso la quieres, se supone que estás enamorado de ella, no quieres que se vaya a Murcia no? (parece que ella quería pedir un traslado allí porque había una vacante y así alejarse)
-Es que no lo sé, yo quiero estar con las dos.
- Pero eso no puede ser, ya lo sabes.
- Ya.
- Entonces si la quieres a ella, está claro
- Es que tampoco acabo de estar bien del todo solo con ella.
- Ya, pero me dijiste que cuando estuviste solo conmigo te faltaba algo, que se supone que es lo que tienes con ella.
Al final como siempre, no arreglamos nada, disfrutamos del momento, volvimos a hacerlo en el sofá y cada vez mejor.
Estos días, no me ha dolido nada, he estado de mejor humor, no me molestaba todo. He disfrutado de estar en el cine con él, de estar tumbados en el sofá y él abrazándome, de nuestras conversaciones de cualquier tema, de descubrir cosas, de confesarnos cosas, de reirnos, de compartir las horas. Casi he conseguido olvidarme de todo.
Hoy no hemos quedado, ya me dijo que seguramente irían a la playa donde siempre, y me ha llamado que al final iban a hacer otra cosa, por si quería ir yo allí. Pero hoy estaba tan cansada que me he quedado en casa, además el tiempo está chunguillo y mi garganta no acaba de curarse, así que he preferido quedarme. No sé cuándo volveremos a vernos. No sé si hoy y los siguientes días estarán bien o volverán a discutir enseguida. Pero sé que me echará de menos, aunque no arregle las cosas. Sé que volveré a caer con todo el equipo. Pero también sé que al menos haré algo.
Quizá esta vez, ahora que ha visto que con ella no está del todo bien, cambien las cosas. O quizá no.
Ya se verá.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)