lunes, 2 de agosto de 2010

Dicen...

Dicen que no valoras lo que tienes hasta que lo pierdes.

Pero también dicen que la distancia es el olvido.

Por eso me pregunto: me valorará y se dará cuenta de lo que ha perdido? Cambiará lo que siente o lo que piensa?
O simplemente me olvidará. Y no me refiero a que no sepa quién soy, sé que nunca me olvidará de esa forma. Me refiero a que olvide todo lo bueno que tenía conmigo, a que olvide lo bien que lo pasábamos.

Me dijo que nunca olvidaría todo eso. Pero solo puedo pensar en lo que pasa por su cabeza mientras la mía no deja de dar vueltas. Mientras le echo tanto de menos...

jueves, 29 de julio de 2010

Vacaciones

Esta semana estoy de vacaciones, y desde luego no son ni las que deseaba ni las mejores.
No me quejo, ha venido mi hermana tres días, y ahora tengo dos para mí sola, para estar a mis anchas, pero le echo de menos.

Qué le voy a hacer, no lo tengo ni medio superado. Por mucho que lo intente, por mucho que salga y haga otras cosas, por mucho que intente entretenerme. No lo supero porque lo tengo metido en mi cabeza, en mi corazón, y no puedo sacarlo. Es imposible.

El lunes me fui a Peñíscola con mi hermana, le hacía ilusión y nos fuimos. Yo no había vuelto sin él porque sabía que iba a ser muy duro, que me traería muchísimos recuerdos, y lo peor es que sé que no voy a volver allí con él.

A cada paso que daba me venía un recuerdo a la cabeza, en cualquier momento pensaba que giraría la cabeza y él estaría allí. Que sería él quien estuviera en la mesa del restaurante esperando a que yo saliese del baño. Y no lo hacía a posta, simplemente me venía a la cabeza, era lo que sentía.
A lo largo del día me fui encontrando peor, más triste, aunque intenté no demostrarlo delante de mi hermana. Me dolía saber que no volvería con él, que él ya ha estado con ella allí, y que seguramente con ella sí que vuelva. Empecé a sentir un dolor en el pecho, algo que me apretaba y me ahogaba. No exagero, es la verdad.
Lloré en la ducha cuando estaba sola. Lloré en la cama en silencio, porque él no estaba, porque se estaba perdiendo una noche allí, porque no habíamos tomado nuestro cocktail juntos, porque no podía hacer el amor con él.

Ese dolor no se me pasó hasta que volví a casa al día siguiente. El martes estuve en otro pueblo, en el que estuvimos el último finde que nos escapamos hace nada. Aún oía la conversación que tuvimos en aquella terraza mientras comíamos chipirones y bebíamos cerveza con limón. Aún le oía decir que no se arrepentía de estar conmigo aunque sabía que se la jugaba, que no sabía cómo terminaría esto ni cuánto duraría.

Todo está reciente en mi cabeza, en mi piel, en mis oídos, en mis ojos, en mi alma. Aunque hayan pasado cuatro años de algunos recuerdos.

No estoy todo el día triste, pero tengo muchos bajones, mucha añoranza, y mucho dolor.

sábado, 24 de julio de 2010

Capítulo final

Hace una semana que no le veo, y solo es el principio. Me mata no saber cómo está, ni dónde, ni poder hablar con él.

Ahora que empezaba a salir un poco de esto, a disfrutar con las cosas que hacía y a asumir que esto tenía que terminar, que si el mes que viene ya se iba a vivir solo no podríamos vernos tanto, ni hablar tanto. Y si se iba con ella menos todavía. Pero sabía que estaría ahí, que en algún momento me llamaría, y yo a él, y nos contaríamos qué tal nos iba.

Y todo ha terminado de la peor manera posible. Sin vernos, sin hablarnos, sin saber siquiera su número de teléfono. Sufriendo los tres.

Hace un par de semanas estábamos en la playa como otras tardes. Estábamos bien, pero parece que todo se confabuló para que saliera mal.
Mientras se cambiaba de ropa para ir a jugar un rato a fútbol, vinieron unos chicos y pillaron el campo, con lo cual, como no nos gusta estar con gente, nos fuimos directos a la playa. Mientras íbamos a nuestro sitio hablábamos de si se iba a ir con ella o no a vivir. Yo le decía que tenía que centrarse de una vez, que no podía hacer las cosas como las quería hacer, que tenía que empezar a tomar decisiones y asumir sus obligaciones. Yo estaba un poco mal, y discutimos un poco, pero al final todo se arregló, nada importante. Yo le decía que me aterraba perderle, que me dolía saber que quería hacer su vida con otra, que me sentía perdida desde que se había ido.
Estuvimos un rato tomando el sol, y mirando los cangrejos que había en una roca, tranquilamente, solo comentando lo que hacían, cómo se escondían y como se quitaban el terreno unos a otros. Nos fuimos pronto.

Al llegar al coche vio que tenía dos llamadas perdidas de ella, y le extrañó. Yo le dije, no pasa nada, si sabía que venías a la playa y no te llevas el móvil.

Por la noche me llamó. Tenía la voz rota, estaba muy agobiado, solo me decía, no te imaginas lo que ha pasado Sally, no te lo imaginas, estoy fatal. Pensé que le había pasado algo a sus padres, me asusté. Resulta que ella había ido a buscarle, sin decirle nada, y se perdió por el bosque. Por eso le había llamado. Empezó a andar y nos vió mientras nos bañábamos o a saber cuándo.
Evidentemente la tía le montó un pollo terrible, y cortaron.

Si esos chicos no hubiesen llegado en ese momento al campo, nosotros habríamos estado jugando un rato, y quizá cuando ella llegó a la playa él todavía hubiese visto las llamadas y no habría pasado nada de esto.

El estaba fatal, decía que la culpa desde luego era solo suya, que ya sabía a lo que se arriesgaba con todo esto, y que no se arrepentía por mí, pero que no soportaba haberle hecho tanto daño a ella.
Supongo que era cuestión de tiempo. Es como cuando juegas con fuego, sabes que puedes quemarte, pero hasta que no te quemas, no te das cuenta de lo que puede llegar a pasar.

Me dijo que necesitaba unos días de estar solo, que necesitaba pensar, que se sentía un cabrón y que estaba destrozado.
Me dijo por mail que teníamos que hablar, que había tomado una decisión firme e irreversible.
Yo ya sabía que era no verme más. De hecho cuando me contó lo que había pasado hasta yo pensé en decirle pues hasta aquí hemos llegado. Pero no quería dejarle solo en ese mal momento.

Hablamos el sábado pasado, dijo que no podíamos seguir así, que no sabía qué pasaría con su vida ahora, pero que se había dado cuenta del daño que estaba haciendo a la gente que quería. Que no quería volver a mentir, que quería empezar lo que fuera pero bien. Y que teníamos que dejar de vernos porque si no no nos desengacharíamos nunca el uno del otro.

Fue muy triste. Otra vez. Otra despedida. Me da la sensación que últimamente estoy siempre despidiéndome de él. O estaba. Porque ahora la decisión está tomada y no nos vemos, ni nos hablamos. Se ha cambiado el número de móvil y no ha querido dármelo. Aunque yo le insistiera que no era para llamarle porque sí, si no en caso de que me pasase algo grave, porque al fin y al cabo no tengo a nadie aquí.

Dijo que no, que la cosa ahora con ella está muy mal, que puede que vuelvan, pero para eso ya no quiere mentir, y si ella ve mi nombre en un mensaje o cualquier cosa se pondrá loca otra vez, porque por supuesto, piensa que la culpa de todo la he tenido yo. Ahora soy para ella la zorra mayor del reino. Para mí lo es ella, así que estamos en paz.

Esta semana la he pasado fatal, porque me he sentido decepcionada y dolida. Porque al final, he perdido a la persona que más quería, que más quiero, porque no han cambiado mis sentimientos tan pronto. Una persona que vale la pena aunque mucha gente no lo crea. Alguien con quien tenía una relación muy especial, una conexión como no he tenido con casi nadie.

El sábado no podía dejar de llorar, sabía que esta vez era definitiva. Le pregunté si me echaría de menos, me dijo, Sally, voy a echar tantas cosas de menos que ni te lo imaginas, pero no puedo pensar en ello ahora o no seré capaz de hacer esto.
Volvío a repetirme que no me va a olvidar nunca, porque yo siempre he estado ahí, le he tratado genial, no como él a mí, y le he ayudado. Le he cambiado en muchas cosas, y he sacado tantas cosas buenas de él que le he hecho mejor persona. Que a no ser que tenga Alzheimer jamás me va a olvidar, y que quiere que sea feliz, que al final esto nos vendrá bien a los dos. Dijo que echará de menos muchas cosas, las cenas, hablar conmigo de cualquier tema, los viajes, miles de cosas. Y que no piense ni por un momento que no pensará en mí, porque lo hará, hay muchas cosas y muchos sitios que le recuerdan a mí, o a cosas que hemos hecho.
Cuando entró en el ascensor, oí cómo empezaba a llorar.

El jueves fue el último día que hablamos por un tema, y me volvió a decir lo mismo, y también que está fatal por todo el daño que me ha hecho, que tampoco es fácil para él renunciar a mí, pero como le había dicho muchas veces, tiene que elegir, y esta decisión estaba tomada desde hace tiempo, pero al final siempre nos veíamos. Así que ahora es tajante y radical. Hasta por lo menos dentro de un tiempo, el que sea, no se sabe, no nos llamaremos, ni nos veremos ni nada de nada.

Yo creo que ellos van a volver, aunque por lo poco que sé la cosa está difícil y muy tensa. Normal. Pero también sé que esto les dejará huella a los dos, y no será fácil, y al final saltará, por un lado o por otro. O porque ella no llegue a confiar nunca y se agobie cada dos por tres, o porque él se canse de que le aten tan corto y tenga que dar cuenta de todos sus movimientos.
Además, me ha contado cosas de ella que francamente, yo veo que algo de maldad tiene, pero bueno, qué voy a ver yo. El dice que por supuesto tiene muchas cosas buenas con ella también, que estaba muy ilusionado en vivir con ella, que apostaba por esta relación. Pero también hace tres semanas estuvieron a punto de cortar porque discutían mucho, y él estaba otra vez dudando de todo. Ahora parece que ya no se acuerda de eso, pero supongo que también es lo normal.

Así que al final, los tres hemos llorado, y sufrido. Yo he perdido a mi niño y todo lo que conllevaba. Y la que me he quedado sola, soy yo.

miércoles, 30 de junio de 2010

No sé qué hacer con mi vida

En respuesta a vuestras preguntas lo llevo mal, muy mal.

Creo que he entrado en la fase de ver que todo es real, que nada va a cambiar, que él sigue adelante con ella y cada vez tienen más en común y más planes y menos tiempo para mí. Aunque es verdad que siempre que puede quedamos. No es un consuelo ni la buena acción del día, lo sé, pero es lo que hay.
O lo que me estoy buscando, con lo que me estoy quedando.

Hace dos findes nos fuimos los dos juntos a un hotel por aquí cerca. Estaban aquí los padres de ella y él no quería quedar. Así que nos escapamos y de verdad que hubo momentos geniales, de esos que me decía que echaba mucho de menos conmigo, de esos que solo compartimos nosotros. De risas, de pasión, de sexo, de amor, de todo un poco.
Pero también los hubo malos, cada vez que ella le llamaba y yo tenía que esperar a que terminara de hablar, y es muy pesada, le llamaba mucho.
Hace poco le dije que cuándo volverían sus padres, pero me dijo que no sabía, y que a lo mejor la próxima vez ya no podía escaquearse. Conmigo si no ha querido hacer algo no lo ha hecho aunque le haya insistido hasta la saciedad, pero con ella sí. Ahí está una de las diferencias en las que se ve que por ella siente algo que por mí no sentía, aunque lo pareciera.

Y ha habido días de fiesta desde entonces y otro finde, y él ha estado en su casa todos los días, una semana entera. A mí últimamente me decía que no podía quedarse porque a su madre no le sabía bien que no apareciera por casa en tantos días. Otra diferencia.
Podría jugar al juego de las siete diferencias, pero no quiero hacerme más sangre.
Para todos aquellos que como yo pensaban que sí que estaba enamorado de mí, ahí quedan los ejemplos. Aunque siga sin entender nada.

Y cada vez me duelen más estas cosas, porque cada vez voy descubriendo cosas nuevas, que esto avanza, y yo estoy estancada sin poder salir de este maldito agujero negro, por mucho que lo intente. Nadie tiene más ganas que yo de estar bien, de dejar de llorar al menos un día, de no sentir una punzada en el pecho cada vez que pienso en lo que hará, de dejar de tener ataques de ansiedad por si me los encuentro, de dejar de sentirme tan triste por no formar parte de su futuro, por ser solo una parte de su vida que cada vez necesitará menos.

Y juro que estoy pensando en dejarlo porque me duele mucho todo, porque los ratos buenos son muy buenos, pero cada vez se mezclan más con mis neuras, mis pensamientos, mis sentimientos. Mi dolor.
Pero pienso que si no le veo también estaré mal, también pensaré en lo que hará y seguirá su vida. Y no tendré los ratos buenos que seguimos teniendo. Y me arrepentiré por si algún día podría haber venido a casa conmigo, por si no puedo compartir un picnic más en la playa con él, o quizá otro finde.

Estoy enloqueciendo, de verdad, no es broma. Mi salud está afectada, no veo la salida. Estoy muy deprimida. Tomo valeriana para poder dormir, y por la mañana otra pastilla para levantar un poco el ánimo, aunque creo que no me está funcionando mucho. Intento olvidarme, divertirme, pero el dolor es más fuerte y me puede. En esta nueva fase ya no llevo ocho meses sin él, es como si empezara de cero al aceptar la realidad.

Sé que me lo estoy buscando, pero de verdad que no hago más que pensar en todo esto, y no veo la salida. Aunque para todo el mundo sea fácil decirme déjalo, te hará daño un tiempo y se pasará. No lo sé.

Había empezado a gustarme un tío del trabajo hace unos meses, creía que yo también le gustaba algo, pero no. No creo que nadie quiera estar conmigo, quizá soy demasiado blanda, perdono demasiado, o a saber cuál es mi fallo.
El dice que ninguno, que es cuestión de sentir o no sentir, que no he hecho nada mal. Y lo sé, he actuado como soy, como he creído conveniente, pero algo debe haber cuando ninguno se enamora de mí pero sí de las que vienen después.

No sé qué hacer con mi vida.

martes, 22 de junio de 2010

El crucero

El crucero fue muy bien. Mucha piscina, jacuzzi, comida, mojitos, ciudades nuevas y desconexión.

De todo menos de él. Como ya esperaba. Lo eché tanto de menos...
No podía evitar acordarme de él en todo momento, en lo que haríamos juntos, en cómo fue el otro crucero con él.
Igual que me confesó él un viernes bajo las estrellas, que hubo muchos momentos en los que se acordó de mí, de cómo me gustarían las cosas, de lo diferente que habría sido conmigo. De lo que echa de menos momentos como ese junto a mí.

Ya lo sé. Pues que vuelva, que se aclare, no sabe lo que quiere y lo quiere todo. Todo lo sé, todo lo que digáis.
Pero también sentía otras cosas con ella que conmigo no sentía. Y eso gana. Supongo.

lunes, 7 de junio de 2010

Es fácil

Es fácil decir que podré vivir sin él, pero me está costando media vida.

Es fácil decir que encontraré a otra persona que me merezca, pero no sé quién dice quién merece a quién.

Es fácil decir que tengo que quererme, pero yo me quiero mucho, mi único fallo es amar a alguien más que a mi vida y no ser correspondida. Por eso no me quiero y pierdo la dignidad?

Es fácil decirlo cuando no se está dentro, cuando se ha salido de algo y ya se tiene otra estabilidad, otra persona, cuando te sientes querida e importante.

Pero la realidad es que yo he perdido a la persona que más quiero en mi vida, que me siento una mierda porque hay otra que le ha enamorado y yo no he podido hacer saltar esa chispa. Que me siento imbécil a veces por ir detrás de él aún con todo. Y no puedo evitarlo.

Y me duele saber que no haré ya muchas cosas con él, que no va a formar parte de mi vida, que no sé qué será de la mía, si tendré a alguien me merezca o no. Me duele ver como la gente que me quiere lo pasa mal por mí y yo ser incapaz de salir de esto, y encima me duele cualquier cosa que le digan a él, y son muchas, y muy fuertes, las que tengo que oir.

Me duele estar tan mal que necesito hablar, sacar mis dudas y mis miedos, mis penas, y a veces no hacerlo porque sé que voy a recibir críticas contra él, que la persona a la que se lo cuento se va a enfadar por verme mal y no poder hacer nada.

Tengo que dejarlo porque él está bien con la otra chica, porque ya no tengo nada que hacer con él, porque no puedo estar esperándole eternamente. Porque si no me quiere, pues me voy.
Pero llevarlo a la práctica es muy difícil, y se me hace imposible, y no quiero sacarlo de mi vida.

Para compensar este sábado me voy de crucero con una amiga del trabajo. Tengo muchas ganas, me apetece un montón, y quiero desconectar y divertirme. No es muy largo, son solo 6 días, pero
al menos saldré que hace siete meses, desde que lo dejé con él, que no he hecho ni excursiones ni escapadas ni nada.

Espero poder olvidarme de todo, aunque no creo que pueda olvidar cuatro años y tanto amor en unos días por alta mar.

miércoles, 2 de junio de 2010

No puedo apartar la oscuridad de mi camino

El dolor es una casa donde las sillas han olvidado cómo sostenernos.
los espejos cómo reflejarnos,
las paredes cómo contenernos.
El dolor es una casa que desaparece cada vez que alguien llama a la puerta o al timbre
una casa que vuela por los aires con la mínima brisa
que se entierra hondo en la tierra mientras todos duermen.
El dolor es una casa donde nadie puede potegerte
donde la hermana menor se hará mayor que la mayor
donde las puertas ya no te dejan entrar ni salir.


Tanto el título como esto, lo he sacado del último libro que he leído y me ha encantado. Trata de una chica que pierde a su hermana mayor, y habla del sentimiento de pérdida, del dolor, y la verdad que me he sentido muy identificada. También habla de encontrar el amor, pero con eso todavía no puedo decir que me haya sentido identificada, si acaso, recordando lo que tenía con mi niño.

No concibo la vida sin él, me da miedo un futuro en el que no esté. Tenía tantos planes, me sentía tan protegida a su lado que ahora me siento abandonada, insegura, vulnerable y totalmente sensible a todo.
Sé que no ha muerto, pero me duele saber que quizá, lo más seguro, no vuelva a ver su maleta en mi salón, que no volveré a tener su olor en mis sábanas, que ya no brindaremos con esas copas que están en el armario. El sofá no volverá a tenernos a los dos encima, abrazados, besándonos o haciendo el amor. Que este teclado no volverá a sentir sus dedos por encima, ni oiré las risas cuando vemos los videos que me quiere enseñar.

Un día de estos que estuvo en casa, cuando terminamos de hacer el amor, aún no se había separado de mí y se fijó en el libro, leyó el título: El cielo está en cualquier lugar, y añadió, y yo acabo de estar allí.