domingo, 24 de enero de 2010

La cruda realidad

Me sé la teoría. Sé que saldré adelante, que tengo que conocer gente, que no merece la pena llorar, que él no era para mí y que hay más peces en el mar.

Y quién quiere peces? Le quiero a él.

Pero la realidad es que no sé cómo saldré, que no me valen las frases hechas, que tengo miedo, que veía mi vida junto a él, llena de planes, de ilusiones, me veía envejeciendo junto a él.
Y ahora solo veo un agujero negro. Al que me gustaría tirarme y desaparecer.

La realidad es que estoy triste todos los días, que no puedo guardar mis lágrimas en algunos momentos, y en otros estoy tan mal que necesito sacarlas. Me pongo música y rompo a llorar.
Estoy sola y no voy a conocer a nadie fácilmente, porque no salgo ni es tan fácil como cuando tienes 20 años. Yo no me muevo en un ambiente universitario en el que se conoce mucha gente, y en mi trabajo la mayoría de gente es casada, tiene su vida, sus cosas. Nunca he conocido a nadie apuntándome a gimnasios ni clases ni nada.
Y si aparece alguien me da miedo que vuelva a hacerme daño, me da miedo que me engañe, que sea mala persona.

La realida más pura es que me siento sola, perdida y vacía sin mi niño. Que le echo de menos cada minuto de esta vida triste que me ha dejado, que cualquier cosa me recuerda a él, tengo millones de recuerdos que me rodean.

Pero él quiere estar solo, vivir su vida y encontrar algo que le llene. Y tengo que dejarle ir.
Aunque yo me esté consumiendo y hoy me duelan los ojos de tanto llorar.

martes, 19 de enero de 2010

No puedo hacerlo

Hace unos dos años más o menos conocí a un chico que era Dj en un bar, y quedé con él una vez. Sólo fue sexo, esa vez y vale. Mi niño estaba con ella todavía y se suponía que yo podía hacer lo que quisiera.
Aún así no me lo pasé tan bien como podría haberlo pasado, porque solo pensaba en él.

Seguimos hablando por el messenger, y siempre quería volver a quedar, me preguntaba cuándo podríamos y eso. Yo ya estaba solo con mi niño, teníamos ese trato de nadie se va con nadie, y siempre le decía que no podía. Además tampoco me apetecía.

Ahora que no estamos juntos una sigue teniendo sus necesidades, y he intentado hablar con el dj varios días, pero no aparecía por el msn. Hoy por fin lo ha hecho, y como siempre, me ha dicho que tiene ganas de verme, bla, bla, bla. Hemos estado hablando de quedar cuando vaya yo a Zaragoza, si tenemos sitio claro, porque está claro que solo quedamos para echar un polvo y ya está.

Y cuando ya llevaba un rato hablando con él me he empezado a sentir fatal. No estoy preparada para esto todavía. Es como si le estuviera poniendo cuernos o yo qué sé. Yo no tengo ganas.

Ya me pasó el domingo, que tenía muchas ganas y empecé a masturbarme, pero me acordaba de mi niño, y en vez de excitarme más me dieron ganas de llorar, porque me acordaba de su cuerpo, de cómo se movía, de cómo me gustaba acariciar sus brazos cuando estaba encima de mí, de su olor, de todo.

No sé qué me pasa, soy una chica muy sexual y esto no me había pasado nunca.
Hoy mientras hablaba con este chico le he tenido que cortar porque ya me sentía muy mal. Me parece todo tan frío, tan insignificante. Me he sentido muy mal, muy triste, con ganas de llorar.

No puedo hacerlo todavía.

domingo, 17 de enero de 2010

Mañana de domingo

Hace un tiempo, no mucho, y con un día tan malo como el que ha salido hoy me habría metido en la cama con él, habríamos estado abrazados un rato, hablando, tal vez haciendo el amor.
Después nos habríamos levantado y habríamos visto Aquí no hay quien viva en la Paramount Comedy, y nos habríamos reído mucho.

Luego hubiese preparado espaguetis para comer y habríamos seguido en el sofá viendo la tele.

Si hubiésemos visto el documental de viajes que he visto yo habríamos hecho planes de ir a ese sitio, o de ir a cien mil más. Habríamos hecho planes y hablado de los sitios que nos apetecía ir.

Hoy la cama la he compartido con Lucas, mi gatico, y él era el que me daba calor.
Me han faltado sus risas en el sofá, oir cómo me dice qué ricos te salen los espaguetis Sally, estoy enganchado a ellos.
Me faltan las ganas de hacer planes para viajar porque sin él ya no es lo mismo.

No nos hemos visto, supongo que pasará bastante tiempo, dice que no es buena idea quedar, porque se lo pasa muy bien pero luego se siente muy triste y mal, y así no terminaremos nunca.
Por qué dejar de pasar tu tiempo con alguien que estás tan bien? No te parece una tontería?, le pregunto. Pero no, dice que los dos nos merecemos conocer la felicidad completa, estar con alguien y sentir lo mismo los dos.
No sabe lo que es sentir mariposas en el estómago estando con alguien, cree que quizá nunca las sentirá porque él no es así, pero sabe que lo que siente conmigo tampoco es amor.

No entiendo nada, y consigo que me diga que últimamente se sentía atado, que tenía que darme explicaciones de todo aunque yo no se las pidiera. Que esta relación siendo como una pareja sin serlo no podía continuar.

Cuándo quiere que volvamos a vernos, cuando ya no sintamos nada y hayamos perdido toda la confianza, y todo esto tan especial que nos ha unido?

No puede verme como un rollo, si quedamos no es para hablar y ya está, sabe que hay mucho más. No quiere volver a caer en eso. Tampoco me ve como su pareja.

Dónde me deja eso? Esa persona tan especial que nunca olvidará. Pero a la que por el momento no puede ver.

Sigo sin entender nada, estoy rabiosa, siento impotencia y sobre todo mucha tristeza, mucho dolor. Ya no le llamo, si quiere ya lo hará él.

lunes, 11 de enero de 2010

Frío polar

Parece que esta ola de frío polar sea un reflejo de cómo me siento ahora mismo, de como se ha quedado mi corazón.
Si ahora en invierno se me hace tan duro estar sin él, cómo será en verano, en cuanto empiece a hacer buen tiempo, que siempre íbamos a la playa y pasábamos las tardes juntos.

Echo de menos compartir su vida. Antes hablábamos todos los días y sabía qué tal le había ido en el trabajo, si le habían echado un piropo o había discutido con alguien. Sabía si había estado atareado o si tenía mal día, si había discutido con alguien por la carretera o si había visto un documental interesante en la tele. Sabía hasta lo que había comido.

Ahora no sé casi nada, me entero de alguna cosa pero siempre está ahí la coletilla, ah, no lo sabía.

Siento que ya no soy parte de él, de su vida. Y eso es lo que más me duele.
Me siento sola y desprotegida.

De todas las cosas que echo de menos, la que más es poder hablar cada día con él, para contarle cualquier cosa.
Ayer cuando volvía de Zaragoza y estaba toda la carretera nevada pensaba, se lo contaré. Pero no pude porque no hablamos. Esas tonterías son las que hacen que tengas complicidad con alguien, contarle hasta la más mínima cosa que te ocurra, compartir todo con él.

Ojalá todo esto sirva para que se dé cuenta de que me quiere, aunque tenga que estar con otra tía y ver que conmigo todo era mejor.
Ya sé que no ocurrirá, pero pensarlo me da fuerzas para seguir hasta que todo esto se me pase.

jueves, 7 de enero de 2010

Un mes

Ese es el tiempo que ha pasado desde que lo dejamos oficialmente, desde ese día tan triste en el que hablamos y nos despedimos.

Las primeras semanas fueron las más duras, agobiantes e interminables. Me llamó un día para preguntarme qué tal estaba, hablamos un rato, me dijo que él también estaba mal, peor de lo que pensaba. Preguntó si algún día nos íbamos de excursión si hacía bueno, pero le dije que no creía que fuera buena idea.

A la siguiente semana tuve cena del trabajo el viernes y él salía con un amigo, sabía que íbamos a coincidir en el único garito que va todo el mundo aquí. A las tres y pico de la mañana ví que me había llamado, le puse un sms, pero no me contestó. Al rato volví a ver otra llamada suya, cuando le llamé yo no me lo cogía. Total, que no llegamos a coincidir.
El domingo me llamó a casa, y me dijo que me había llamado porque le apetecía verme, pero que en el fondo no sabía si era una suerte o no que no nos hubiésemos visto.

Seguía estando mal, me costaba dormir por las noches porque no dejaba de pensar en él y de llorar, de añorar tantas cosas que hemos hecho juntos, las conversaciones, las risas, todo.
Un día empecé a pensar que por qué tengo que perder a una persona que se parece tanto a mí, con la que me llevo genial y con la que me gusta hacer cosas. Ya sé lo que quiere y lo que no, ya habían pasado tres semanas desde que lo dejamos y casi un mes sin vernos más que una o dos veces, ya se había roto la rutina de hablar cada día y vernos todos los findes.

Hablamos para Navidad, y le dije que si quería podíamos quedar la siguiente semana, ya que él tenía vacaciones, y me dijo que igual no era buena idea. Le pregunté si no tenía ganas de verme, de hablar tranquilamente y reirnos un rato como habíamos estado haciendo por teléfono. Dijo que desde luego que tenía ganas de verme, que me echaba muchísimo de menos, pero no estaba seguro. Así quedó la cosa, y cuando volví de Zaragoza después de Navidad le llamé, y le pregunté si quedábamos, dijo que vale, que pasaría a buscarme al trabajo y nos íbamos a comer.

Estuvimos comiendo, hablando, riendo, y como siempre. El estaba más nostálgico, recordando todo el rato cosas que habíamos hecho, los sitios que habíamos ido, yo intentaba no profundizar en el tema porque no quería ponerme triste. Podíamos hablar de otras cosas y no solo recordar las pasadas. Cuando me trajo a casa le dije que si quería podíamos quedar de vez en cuando, ir a hacer alguna excursión, a la playa, en fin, cualquier cosa. Le dije que ya sé lo que hay, que ya sé que él ahora puede hacer lo que quiera cuando no esté conmigo como yo puedo hacerlo, pero no quita para que no podamos seguir viéndonos si tanto nos echamos de menos y tan mal estamos sin vernos. Y que eso sí, que si algún día le proponía quedar y tenía otra cita prefería que me lo dijera para no comerme yo la cabeza inútilmente. Quería subir a casa, pero estaba mi amiga y no pudo ser. Lo raro es que yo estaba casi animándole a él, porque estaba bastante tristón, apagado, decía que para él tampoco estaba siendo fácil.

El día de Año Nuevo volvimos a hablar, le dije si el día de Reyes me iría a buscar a la estación. Dijo que sí.
Cuando iba en el tren le llamé para recordárselo, y me preguntó con titubeos y rodeos si tenía mucho hambre. Le dije que no mucho pero que si quería ir a cenar vale. Me dijo que si no, que le hiciera espaguetis en casa. Siempre le han encantado mis espaguetis, dice que son los mejores que ha comido :P Y seguía dando rodeos, y al final le dije si se quedaría a dormir, dijo que vale.

Y ese fue mi mejor regalo de Reyes, verle, volver a preparar una cena para los dos, brindar a la luz de las velas con la música de fondo, hablar de cómo estábamos, de sus proyectos, de mis no proyectos, meterme en la cama con él y volver a sentir su piel junto a la mía, volver a sentirle dentro y oirle decir mi nombre.

Esta mañana me he ido a trabajar, le he dejado una nota porque se levantaba más tarde. No sé si esta noche me llamará o ya será otro día, pero al menos he disfrutado de otra noche con él.

Estaba muy mal sin verle, sintiendo que había perdido a la persona más importante de mi vida. Sé que tampoco así la gano, pero al menos tengo la posibilidad de hacer algo con él de vez en cuando, aunque ya no sea mi prioridad.

Por otra parte estoy muy desanimada, en Zaragoza con mis amigos me llego a aburrir, ya lo contaré otro día, y desde luego ahora no me apetece buscar nada ni nadie. Tengo ganas de quedarme en casa leyendo o viendo pelis, disfrutando de mi tiempo y de estar sola. No creo que vaya a encontrar a nadie con quien me lleve tan bien, que me guste tanto desde el primer día y con quien todo lo que haga se convierta en algo especial. Qúizá aparezca y lo mejore, pero de momento no me lo creo, además que no tengo ganas de volver a ilusionarme para que me vuelvan a decir las mismas palabras por tercera vez. No. Dentro de un tiempo ya se verá, ahora de momento, estoy bien así.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Boca Paila



Esta es la playa de Boca Paila, en ella desemboca la laguna de Muyil, en la Reserva de la Biosfera de Sian Kaan, en Riviera Maya.

A primera vista parece una playa perfecta con su arena blanca y su agua azul, pero no es así. El agua era verdosa por la desembocadura de la laguna, y en la orilla se acumulaba tal cantidad de espuma que parecía que estuviera sucia.
Sin embargo fue la playa que más me gustó, porque no había casi nadie, estuvimos solos, y estuvimos haciendo fotos muy divertidas. Nos hicimos fotos en las palmeras debajo de los cocos, entre la espuma, tumbados en la orilla mientras iban llegando las olas.

Aunque las cosas no sean perfectas hay otros detalles que hacen que lo sean.

martes, 8 de diciembre de 2009

La última tarde que pasé contigo

Fue triste. Muy triste. Los dos metidos en la cama bajo el edredón para no pasar frío, y aún así no sentía nada de calor.
Tú me decías que te sentías fatal, pero que era lo mejor, que tengo que encontrar a alguien que me corresponda, que me dé lo que tú no puedes darme. Yo quería decirte muchas cosas, y no podía porque se me saltaban las lágrimas. Y tú seguías hablando, y abrazándome, y diciéndome que me ibas a echar mucho de menos, que te quedabas solo y no tendrías a nadie con quien hablar porque con nadie tienes la confianza que tienes conmigo, que no hacías todo esto para estar con nadie, que lo hacías por mí, por los dos, porque no quieres seguir viéndome sufrir por tí. Decías que no me vas a olvidar nunca, que no esté triste que seguro que todo sale bien, que un día te lo agradeceré.

Y yo me sentía fatal, tan triste, aún sabiendo que lo haces por mí, que quieres verme feliz, que no eres tan egoísta como todo el mundo ha dicho. Quizá la egoísta he sido yo por no ver que tú te sentías mal al verme así y seguir con esto adelante porque quería estar contigo. Me dices que yo no tengo que culparme de nada, que nada de esto ha sido por mi culpa, que no he hecho nada mal, al contrario, solo te he dado todo, hasta lo que nadie habría hecho por tí lo he hecho yo. Me dices que nadie te ha obligado a nada y que si has seguido conmigo es porque estabas genial, porque te lo pasabas muy bien, te reías mucho conmigo y te sentías muy a gusto. Que es muy difícil para tí también terminar con esto. Que sabes que el día que conozcas a alguien no podrás evitar las comparaciones, y dirás Sally hacía esto, Sally hacía lo otro, porque no todas las chicas hacen las cosas que he hecho yo contigo. Me dices que aunque hagas las mismas cosas o vayas a los mismos sitios no será igual, nunca será igual.

Y yo no dejo de llorar, y tú tampoco puedes evitarlo. Y nos abrazamos, y me das un beso y yo te abrazo más fuerte.
Llega el momento de irte, vamos a tu casa y no podemos despedirnos. Qué nos decimos? No sé qué decirte. Cuídate, no corras tanto por la carretera, no me olvides... Cualquier cosa ya está fuera de lugar. Dices, si cuando pasa el tiempo no has conseguido ser feliz esto no habrá servido para nada. Quiero que sirva para que los dos consigamos estar bien. Un último beso, hazme una perdida cuando llegues a casa, intenta conducir tranquila por favor.
Lo intento, miro hacia tu portal y veo que estás mirándome, que no te metes hasta que no me vaya. Sabes que es la última vez que me ves. Igual que lo sé yo, y no quiero irme. Pero al final arranco el coche y giro la calle. Y me saltan las lágrimas.

Había sido un finde como otro cualquiera, lo pasamos genial, tuvimos nuestra cena romántica, hablamos, fuimos de compras a Lérida. Curiosamente el mismo sitio al que fuimos la primera vez que salimos. Te miraba en el coche y te dije, cuánto has cambiado desde la primera vez que fuimos. Todo ha cambiado tanto.

Esta vez sabía que era la última vez que hacía el amor contigo. Y sentía tanto amor, tantas ganas de tí, tanta pena de perderte. No quería que te fueras, no quiero perder tu tacto, tus caricias. No quiero perderte.

Cuando estaba en la cocina preparando la comida, los espaguetis, mis espaguetis que tanto te gustan y que nadie hace como yo, viniste y me abrazaste por detrás. Rodeaste mi cintura y dijiste lo más bonito que he oído en tiempo: Al menos piensa que ya siempre formarás parte de mí, porque me has enseñado tantas cosas y me has cambiado tanto que ahora mi carácter es gracias a tí.

Tu también formarás parte de mí siempre mi niño.