jueves, 7 de enero de 2010

Un mes

Ese es el tiempo que ha pasado desde que lo dejamos oficialmente, desde ese día tan triste en el que hablamos y nos despedimos.

Las primeras semanas fueron las más duras, agobiantes e interminables. Me llamó un día para preguntarme qué tal estaba, hablamos un rato, me dijo que él también estaba mal, peor de lo que pensaba. Preguntó si algún día nos íbamos de excursión si hacía bueno, pero le dije que no creía que fuera buena idea.

A la siguiente semana tuve cena del trabajo el viernes y él salía con un amigo, sabía que íbamos a coincidir en el único garito que va todo el mundo aquí. A las tres y pico de la mañana ví que me había llamado, le puse un sms, pero no me contestó. Al rato volví a ver otra llamada suya, cuando le llamé yo no me lo cogía. Total, que no llegamos a coincidir.
El domingo me llamó a casa, y me dijo que me había llamado porque le apetecía verme, pero que en el fondo no sabía si era una suerte o no que no nos hubiésemos visto.

Seguía estando mal, me costaba dormir por las noches porque no dejaba de pensar en él y de llorar, de añorar tantas cosas que hemos hecho juntos, las conversaciones, las risas, todo.
Un día empecé a pensar que por qué tengo que perder a una persona que se parece tanto a mí, con la que me llevo genial y con la que me gusta hacer cosas. Ya sé lo que quiere y lo que no, ya habían pasado tres semanas desde que lo dejamos y casi un mes sin vernos más que una o dos veces, ya se había roto la rutina de hablar cada día y vernos todos los findes.

Hablamos para Navidad, y le dije que si quería podíamos quedar la siguiente semana, ya que él tenía vacaciones, y me dijo que igual no era buena idea. Le pregunté si no tenía ganas de verme, de hablar tranquilamente y reirnos un rato como habíamos estado haciendo por teléfono. Dijo que desde luego que tenía ganas de verme, que me echaba muchísimo de menos, pero no estaba seguro. Así quedó la cosa, y cuando volví de Zaragoza después de Navidad le llamé, y le pregunté si quedábamos, dijo que vale, que pasaría a buscarme al trabajo y nos íbamos a comer.

Estuvimos comiendo, hablando, riendo, y como siempre. El estaba más nostálgico, recordando todo el rato cosas que habíamos hecho, los sitios que habíamos ido, yo intentaba no profundizar en el tema porque no quería ponerme triste. Podíamos hablar de otras cosas y no solo recordar las pasadas. Cuando me trajo a casa le dije que si quería podíamos quedar de vez en cuando, ir a hacer alguna excursión, a la playa, en fin, cualquier cosa. Le dije que ya sé lo que hay, que ya sé que él ahora puede hacer lo que quiera cuando no esté conmigo como yo puedo hacerlo, pero no quita para que no podamos seguir viéndonos si tanto nos echamos de menos y tan mal estamos sin vernos. Y que eso sí, que si algún día le proponía quedar y tenía otra cita prefería que me lo dijera para no comerme yo la cabeza inútilmente. Quería subir a casa, pero estaba mi amiga y no pudo ser. Lo raro es que yo estaba casi animándole a él, porque estaba bastante tristón, apagado, decía que para él tampoco estaba siendo fácil.

El día de Año Nuevo volvimos a hablar, le dije si el día de Reyes me iría a buscar a la estación. Dijo que sí.
Cuando iba en el tren le llamé para recordárselo, y me preguntó con titubeos y rodeos si tenía mucho hambre. Le dije que no mucho pero que si quería ir a cenar vale. Me dijo que si no, que le hiciera espaguetis en casa. Siempre le han encantado mis espaguetis, dice que son los mejores que ha comido :P Y seguía dando rodeos, y al final le dije si se quedaría a dormir, dijo que vale.

Y ese fue mi mejor regalo de Reyes, verle, volver a preparar una cena para los dos, brindar a la luz de las velas con la música de fondo, hablar de cómo estábamos, de sus proyectos, de mis no proyectos, meterme en la cama con él y volver a sentir su piel junto a la mía, volver a sentirle dentro y oirle decir mi nombre.

Esta mañana me he ido a trabajar, le he dejado una nota porque se levantaba más tarde. No sé si esta noche me llamará o ya será otro día, pero al menos he disfrutado de otra noche con él.

Estaba muy mal sin verle, sintiendo que había perdido a la persona más importante de mi vida. Sé que tampoco así la gano, pero al menos tengo la posibilidad de hacer algo con él de vez en cuando, aunque ya no sea mi prioridad.

Por otra parte estoy muy desanimada, en Zaragoza con mis amigos me llego a aburrir, ya lo contaré otro día, y desde luego ahora no me apetece buscar nada ni nadie. Tengo ganas de quedarme en casa leyendo o viendo pelis, disfrutando de mi tiempo y de estar sola. No creo que vaya a encontrar a nadie con quien me lleve tan bien, que me guste tanto desde el primer día y con quien todo lo que haga se convierta en algo especial. Qúizá aparezca y lo mejore, pero de momento no me lo creo, además que no tengo ganas de volver a ilusionarme para que me vuelvan a decir las mismas palabras por tercera vez. No. Dentro de un tiempo ya se verá, ahora de momento, estoy bien así.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Boca Paila



Esta es la playa de Boca Paila, en ella desemboca la laguna de Muyil, en la Reserva de la Biosfera de Sian Kaan, en Riviera Maya.

A primera vista parece una playa perfecta con su arena blanca y su agua azul, pero no es así. El agua era verdosa por la desembocadura de la laguna, y en la orilla se acumulaba tal cantidad de espuma que parecía que estuviera sucia.
Sin embargo fue la playa que más me gustó, porque no había casi nadie, estuvimos solos, y estuvimos haciendo fotos muy divertidas. Nos hicimos fotos en las palmeras debajo de los cocos, entre la espuma, tumbados en la orilla mientras iban llegando las olas.

Aunque las cosas no sean perfectas hay otros detalles que hacen que lo sean.

martes, 8 de diciembre de 2009

La última tarde que pasé contigo

Fue triste. Muy triste. Los dos metidos en la cama bajo el edredón para no pasar frío, y aún así no sentía nada de calor.
Tú me decías que te sentías fatal, pero que era lo mejor, que tengo que encontrar a alguien que me corresponda, que me dé lo que tú no puedes darme. Yo quería decirte muchas cosas, y no podía porque se me saltaban las lágrimas. Y tú seguías hablando, y abrazándome, y diciéndome que me ibas a echar mucho de menos, que te quedabas solo y no tendrías a nadie con quien hablar porque con nadie tienes la confianza que tienes conmigo, que no hacías todo esto para estar con nadie, que lo hacías por mí, por los dos, porque no quieres seguir viéndome sufrir por tí. Decías que no me vas a olvidar nunca, que no esté triste que seguro que todo sale bien, que un día te lo agradeceré.

Y yo me sentía fatal, tan triste, aún sabiendo que lo haces por mí, que quieres verme feliz, que no eres tan egoísta como todo el mundo ha dicho. Quizá la egoísta he sido yo por no ver que tú te sentías mal al verme así y seguir con esto adelante porque quería estar contigo. Me dices que yo no tengo que culparme de nada, que nada de esto ha sido por mi culpa, que no he hecho nada mal, al contrario, solo te he dado todo, hasta lo que nadie habría hecho por tí lo he hecho yo. Me dices que nadie te ha obligado a nada y que si has seguido conmigo es porque estabas genial, porque te lo pasabas muy bien, te reías mucho conmigo y te sentías muy a gusto. Que es muy difícil para tí también terminar con esto. Que sabes que el día que conozcas a alguien no podrás evitar las comparaciones, y dirás Sally hacía esto, Sally hacía lo otro, porque no todas las chicas hacen las cosas que he hecho yo contigo. Me dices que aunque hagas las mismas cosas o vayas a los mismos sitios no será igual, nunca será igual.

Y yo no dejo de llorar, y tú tampoco puedes evitarlo. Y nos abrazamos, y me das un beso y yo te abrazo más fuerte.
Llega el momento de irte, vamos a tu casa y no podemos despedirnos. Qué nos decimos? No sé qué decirte. Cuídate, no corras tanto por la carretera, no me olvides... Cualquier cosa ya está fuera de lugar. Dices, si cuando pasa el tiempo no has conseguido ser feliz esto no habrá servido para nada. Quiero que sirva para que los dos consigamos estar bien. Un último beso, hazme una perdida cuando llegues a casa, intenta conducir tranquila por favor.
Lo intento, miro hacia tu portal y veo que estás mirándome, que no te metes hasta que no me vaya. Sabes que es la última vez que me ves. Igual que lo sé yo, y no quiero irme. Pero al final arranco el coche y giro la calle. Y me saltan las lágrimas.

Había sido un finde como otro cualquiera, lo pasamos genial, tuvimos nuestra cena romántica, hablamos, fuimos de compras a Lérida. Curiosamente el mismo sitio al que fuimos la primera vez que salimos. Te miraba en el coche y te dije, cuánto has cambiado desde la primera vez que fuimos. Todo ha cambiado tanto.

Esta vez sabía que era la última vez que hacía el amor contigo. Y sentía tanto amor, tantas ganas de tí, tanta pena de perderte. No quería que te fueras, no quiero perder tu tacto, tus caricias. No quiero perderte.

Cuando estaba en la cocina preparando la comida, los espaguetis, mis espaguetis que tanto te gustan y que nadie hace como yo, viniste y me abrazaste por detrás. Rodeaste mi cintura y dijiste lo más bonito que he oído en tiempo: Al menos piensa que ya siempre formarás parte de mí, porque me has enseñado tantas cosas y me has cambiado tanto que ahora mi carácter es gracias a tí.

Tu también formarás parte de mí siempre mi niño.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Miércoles

El domingo cuando hablamos le dije que no me llamara hasta el viernes, que si quería ya le llamaría yo.

El lunes lo pasé fatal, no paraba de llorar y le echaba tanto de menos. No podía pasar un día sin hablar con él, sin saber cómo estaba y sin contarle lo que había hecho. Así que le llamé, total, para una semana que nos queda por qué desaprovechar un día?

Estaba hecho polvo, dijo que no había estado tan triste nunca, intenté evitar hablar del tema y estuvimos hablando de las fotos, del viaje y de otras cosas del trabajo y del día en general.

Esa noche pude dormir al menos, estuve más tranquila, y el martes lo pasé mejor, pensando en el finde. Ya sé que es raro, pero pensaba que nos veríamos y tenía muchas ganas.

Por la noche al ver que no me llamaba empecé a deprimirme otra vez. No me gusta pasar un día sin saber nada de él. Esta mañana le he escrito un correo al trabajo y no me ha contestado, pero tampoco es raro, normalmente está muy liado y no lo hace. No sé si me llamará o no esta noche, de todas formas tendré que acostumbrarme a estar sin saber nada de él, sin contarle mis cosas. Pero qué mal se lleva.
Tampoco sé por qué de repente ha pasado de querer hablar conmigo a no llamarme. Igual también se está acostumbrando.

Voy a echarle mucho de menos, sus llamadas, escribirle correos al trabajo cuando estoy aburrida o agobiada, o cuando estoy bien para decirle hola, tengo ganas de verte. Voy a echar de menos sus bromas, su voz, su piel tan suave, sus ojos que me vuelven loca. Echaré de menos las comidas, las sangrías de cava, nuestras cenas románticas, ir al cine e hincharnos de palomitas, ver el canal Buzz con él, o las pelis malas de miedo.
Echaré de menos hasta su ropa tirada por el baño cuando sale de la ducha.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Lo inevitable

Se veía venir hace tiempo. Lo habíamos discutido y hablado, pero hasta este finde no se hará realidad.

Durante el viaje le veía raro a veces, como tristón, y me preguntaba cosas del tipo qué has ganado y qué has perdido conociéndome? Me decía que este año tenía que replantearse muchas cosas.

El jueves estuvimos hablando por teléfono, como todos los días, yo sabía que algo le pasaba, y le pregunté, me decía que nada, pero insistí porque soy muy pesada cuando me pongo. Dijo que era algo que no quería hablar por teléfono sino cara a cara.

- Quieres dejarlo verdad?

Me dijo que no quería pero teníamos que hacerlo, que ya llevábamos mucho tiempo igual, y a él se le parte el corazón de no poder corresponderme, de ver las caras de felicidad que pongo estando a su lado y él no poder sentir lo mismo.
Dice que no quiere verme mal, que me está haciendo más daño que otra cosa, porque además podemos seguir así años, porque él está genial conmigo, pero así no conoceré a nadie que me merezca, a alguien que sienta lo mismo por mí.
Dice que me quiere mucho, que soy alguien muy especial para él, que yo le he aportado y enseñado un montón de cosas, que le he dado toda la tranquilidad que le faltaba, que ha cambiado mucho a mi lado, para mejor, y que soy una tía que vale mucho la pena. Que está genial conmigo, que le gusta todo lo que hacemos, viajes, excursiones, hasta estar en casa viendo la tele.
Y entonces se echó a llorar. Yo no me lo creía, me sentía mal, porque entonces me dí cuenta que quizá yo también le estaba haciendo daño con mi actitud de seguir con esto a toda costa.

Esa noche me derrumbé, no pude evitar las lágrimas aunque estaba en casa de mis amigos viendo gran hermano y no quería decir nada todavía. No lo pude evitar. El viernes lo pasé más o menos normal, pensé que igual solo había sido un bajón y se pasaba como siempre. El sábado otra vez estuve nerviosa y pensando. Y el domingo por la noche volvimos a hablar, y aunque no quería sacar el tema porque habíamos quedado que lo hablaremos este finde tranquilamente al final salió.
Le dije que tal vez todo eso que me dijo el jueves, que por otra parte era la declaración de amor más sincera y puede que la única que he tenido, que a lo mejor era amor por su parte. Que igual estaba enamorado y no se daba cuenta porque creía que tenía que sentir otras cosas. Enseguida me cortó y me dijo que no, que no me empeñara, que de sobra sabía lo que sentía. Que ojalá en estas cosas mandara la razón, porque entonces lo tendría claro, pero no manda la razón.
Dice que lo está pasando fatal, que se siente mal, pero que a la larga será lo mejor para los dos. Que no es porque tenga a nadie ni porque quiera conocer a nadie, solo que se va haciendo mayor, se va dando cuenta de que me hace daño estando a mi lado sin sentir lo mismo, que no avanzamos, estamos metidos en una telaraña de la que no salimos ninguno de los dos, yo por estar con él esperando a que algo cambie, y él porque está conmigo y no quiere hacerme daño. Dice que no quiere estar conmigo hasta que llegue el día que me tenga que decir que hay otra y entonces dejarme tirada. Prefiere que nos demos un tiempo, o cada uno siga con su vida, y a ver qué pasa. Pero que no quiere perderme, que cuente con él para lo que sea, que no me va a olvidar nunca, y que le gustaría saber cómo estoy siempre.

Yo le dije que no puedo ser solo su amiga, ni quedar una vez al mes y no acercarme a darle un beso, o hacer el amor con él, o acurrucarme en el sofá mientras vemos la tele.
Dice que él igual tampoco.

Yo no paraba de llorar, y él volvió a llorar otra vez. He pasado toda la noche llorando hasta que me dormí que debían ser las tres de la mañana o algo así. Esta mañana tenía que volver al trabajo, y estaba fatal, he ido con los ojos hinchados y con ninguna gana de que me preguntaran por el viaje y las vacaciones.
Nada más entrar ha salido una de mis amigas y cuando me ha preguntado me he tenido que ir al baño porque ya me entraba la llorera otra vez.

Estoy muy chunga, por todo lo que voy a perder, a mi niño lo primero, y todos los momentos con él.
Así que comprenderéis que de momento no me apetezca seguir contando el viaje, solo diré que lo pasé genial, que vimos muchas cosas interesantes, fuimos a Chichén Itzá y aluciné con todo lo que me contaron, otro día fuimos a bañarnos con delfines y fue impresionante. Que no me arrepiento de nada de lo que he vivido a su lado, lo bueno y lo malo. Y que justo cuando creía que las cosas empezaban a cambiar para bien, resulta que se acaba.

Este finde quedaremos, aún tengo que darle las fotos del viaje, y hablaremos tranquilamente, y nos despediremos, supongo. Será muy raro, porque sabré que es la última vez que nos vemos, porque desde luego no podré seguir viéndole o no saldremos de esta situación.
Ya sabéis que he pensado mucha veces en terminar con esto, por eso mismo, porque no avanzamos, porque él no está enamorado de mí, pero nunca he podido.
Ahora no me va a quedar más remedio. Me recuerda cuando hace unos años él estaba a punto de irse a vivir con ella y ya pasamos por esto, la despedida, el no me llames, y él no dejaba de llamarme aunque yo no le contestara. Esta vez no hay marcha atrás, no hay nada a lo que aferrarse. Se terminará y ya está.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Segundo día de vacaciones

Lo prometido es deuda, y como hasta mañana no me voy a Zaragoza aprovecho y os cuento mi segundo día de vacaciones. Ah, y antes de nada gracias por lo de tipazo pero visto de cerca no es oro todo lo que reluce jajaja.

Bueno, el segundo día nos fuimos a un parque de aventura que han abierto hace cuatro meses que se llama Xplor. Lo descubrimos estando allí porque al ser tan nuevo en casi ningún sitio se habla de él, ni guías ni foros, nada. Nos llamó la atención y decidimos ir.

Está todo excavado bajo la roca, en medio de la selva, porque allí mires donde mires todo es selva, y tiene cuatro actividades de aventura: Conducir un jeep por la selva, un paseo en una balsa que vas remando tú con tus manos por entre las grutas, nadar en el río subterráneo y lanzarte en tirolinas.

Primero cogimos el jeep, y nos dimos el paseo. Era espectacular conducir por en medio de la selva, aunque tampoco es que vieras ningún animal salvaje ni nada, la verdad que era la atracción más light, lo único que atravesabas un puente colgante y te metías por alguna cueva, pero nada más.



Las balsas. Madre mía con las balsas. Yo que me monté y dije qué guay, que chulo esto de ir por las grutas. Dijo la chica que estaba en la atracción, hay tres rutas, la primera que dura 20 min. , la segunda que dura media hora, y la tercera que dura una hora. Y yo toda chula e ilusionada digo, nosotros la tercera eh? más guay.

En cuanto empezamos a remar, a intentar mover la barca, eso era un desastre. Nos quedábamos encallados, nos íbamos hacia un lado,no había manera de mover la dichosa balsa. Era más complicado de lo que parecía o nosotros más tontos de lo que creíamos, una de dos. A lo que llevábamos dos minutos en las balsas de las narices, digo, hacemos la ruta de los 20 min. que me estoy poniendo cardiaca ya. No había manera de moverse, hasta hubo un rato que fuimos de espalda porque no podíamos dar la vuelta en el río. Hacíamos atasco y nos pasaban el resto de balsas, qué nervios y qué vergüenza, pero bueno, al final nos reímos de la experiencia.



Después nos fuimos a nadar por el río subterráneo, una pasada. Todas las grutas son naturales, excepto algún trozo que han modificado para adecuarlo al parque claro, pero es que por allí todo está lleno de ríos subterráneos, cenotes y grutas. Así que era impresionante ir por el río entre estalactitas y estalagmitas, unas cuevas realmente impresionantes.



Luego nos fuimos a cambiar la ropa mojada. Yo ya estaba empezando a notar que mi enfriamiento cada vez era peor, así que decidí ponerme la ropa seca que llevaba para las tirolinas, porque había visto en alguna foto que pasabas por encima del agua pero no creía que te mojabas. Empezamos el trayecto, eran 14 bajadas en tirolina, era la primera vez que montaba. La primera pegué un grito que no veas cuando me soltaron, pero a mitad de camino ya iba con la boca abierta de lo impresionante que era mirar para abajo y ver toda la selva y la sensación de volar. Genial. En una de ellas vi una especie de charca grande con bastantes cocodrilos, pero como había gente haciendo obras cerca pensé que igual estaban montando alguna atracción nueva o algo así, y cuando llegué a la torre le pregunté al chico si eran de verdad o de mentira. Me dijo que sí, que eran de verdad, que por esa zona abundan mucho. Menos mal que ya me había metido al río, si no, no sé si entro, jajaja.



Lo peor fue cuando ya llegando al final del recorrido de las tirolinas me encuentro con un tobogán de agua para bajar. Digo, no, que me voy a poner como una sopa y no quiero mojarme. Me dice el chico, es igual, te vas a mojar de todas formas. Total, que me meto con mi pantalón y mi camiseta y chipiada que quedé. Y aún me quedaba aterrizar en dos ríos que acababas hasta las orejas de agua literalmente. Total, que el pasmo que acabé de coger fue considerable. Tuve que irme al hotel con una camiseta que me compré allí y la toalla atada a la cintura como si fuese un pareo. Vaya pintas! Menos mal que no fuí la única, porque la gente no sabía tampoco esto y algunas iban solo con la toalla encima del bikini. Así que era todo un espectáculo ver cómo salíamos la gente de allí, jajaja.

Fue un día bastante divertido, algo diferente. Cuando llegamos al hotel, por si habíamos hecho poco ejercicio nos fuimos a jugar a tenis un rato, luego cenamos, y a dormir pronto que al día siguiente nos tocaba madrugar mucho, venían a buscarnos a las seis de la mañana para ir a Chichén Itzá. Eso para la próxima entrega :)

martes, 24 de noviembre de 2009

Depresión postvacacional

Ya he vuelto de mis maravillosas vacaciones. Deprimida, morenísima, sin un duro (literalmente) y con un enfriamiento de no te menees. Pero en general, bien :)

Si normalmente cuesta volver de vacaciones, esta vez casi me echo a llorar el último día. No quería dejar el sol, el buen tiempo que hacía allí, la playa, qué playas madre mía! No quería dejar de estar todos los días con mi niño, ni dejar de ver sitios nuevos, ni de tomar margaritas y comer como una cerda todo el día sin tener que hacer nada.

Estuvimos en un hotel impresionantemente grande, como todos los típicos de allí del todo incluido. Vas con tu pulsera y te pones de comer y beber hasta las orejas, sin parar. Podría acostumbrarme a que me dieran todo hecho todos los días. Qué maravilla, ni limpiar, ni hacer comida, ni nada de nada.
La playa del hotel espectacular, arena blanca, agua azul cristalina, palmeras y hamacas por donde mirases.



El primer día lo pasamos en el hotel para descansar del viaje. Además nos apetecía un montón la playa, hacer snorkel, y como allí amanece tan pronto, y además llevábamos el sueño cambiado a las siete de la mañana ya estábamos en pie. Fuimos a desayunar y directamente a la playa. Cuando la vimos nos quedamos los dos con la boca abierta. No sé, suponía que como siempre lo que ves en las fotos es una cosa y luego lo que te encuentras parecido, pero no igual.
Fue ver toda esa arena blanca, esa playa espectacular y nos pusimos como locos. Enseguida nos fuimos a bañar, cogimos el tubo y las gafas de snorkel y a investigar debajo del agua. No tenías que apartarte mucho de la orilla para empezar a ver un montón de peces grandes, de colores, totalmente diferentes a los que estás acostumbrada a ver.



Salimos y fuimos a andar por el resto de la playa , y nos encontramos la zona de deportes acuáticos. Así que nos cogimos un kayak, y estuvimos remando un rato por el mar, fue muy divertido.
Seguimos caminando, ya os digo que era enorme el hotel y la playa, y llegamos casi hasta el final, y volvimos a bañarnos, empezaba ya a hacer mucho calor y el sol quemaba muchísimo. Y lo mejor, nos metemos a bucear y vemos tortugas marinas por el fondo del mar.! Solo con esa mañana ya estábamos encantados de las vacaciones. Había merecido la pena por todo lo que vimos. Y eso que yo no me meto muy adentro y vi menos, pero mi niño que se mete más, vio peces cofre, que luego vimos en un acuario, y rayas bastante grandes. Vio muchos más peces que yo.

Después de tomar un poco el sol, fuimos a comer a un grill que teníamos cerca de las piscinas, y después de tanto ejercicio me puse morada de comer, claro. Nos tumbamos un rato en las hamacas, y ya nos fuimos a duchar y a cambiarnos para ir al pueblo que estaba cerca, Playa del Carmen. Nos dimos una vuelta por allí para contratar un par de excursiones que nos faltaban, pero al final las cogimos en el hotel, así que para que nos diera tiempo no nos pudimos quedar a cenar por allí, ni a tomar nada. El pueblo está lleno de sitios chulos para cenar, de discotecas, bares y tiendas. Antes de irnos nos tomamos un mojito en un garito de la playa que había con sillas en la arena y velas. Como a las cinco y media de la tarde ya era de noche, pues se estaba bien.

Ese día cenamos y nos fuimos pronto a dormir, porque estábamos reventados.

Y como hay mucho que contar, os iré contando cada día una cosa, para no agobiaros y para no perder detalle.
Esta semana aún tengo vacaciones, así que aprovecharé para irme a Zaragoza, así que si estoy desaparecida unos días es por eso.

En resumen han sido las mejores vacaciones que he tenido nunca. Un viaje soñado y deseado hace tiempo que desde luego me ha dejado con más ganas de volver y sin ninguna desilusión. Todo era tal y como me esperaba, o mejor. Hemos tenido suerte con el tiempo, no ha llovido, ha hecho muy bueno y sin calor agobiante. Lo único malo fue que como iba un poco mal de la garganta allí entre cambio de tiempo, remojones, aire acondicionado y tal, pues terminé de pillar el catarro bien, y hubo un par de días o tres que estuve bastante fastidiada, y cuando empezaba a estar mejor lo pilló él, así que hemos estado tirando a base de frenadoles y pastillas para la garganta, pero sin perdernos nada.