miércoles, 15 de julio de 2009

Doce días en veinte líneas

He estado en Zaragoza, he comido tapas y bebido granizado de chocolate.
Vinieron mi hermana y mi sobrino.
Cambió el tiempo, llovió e hizo frío.
Fuimos a Peñíscola, comimos como cerdas y nos rebozamos en la arena.
Jugamos en el agua con el pequeñín y nos reímos mucho.
Eché de menos a mi niño.
No pudimos ir a la playa ni un día más.
Se me caía la baba con mi sobrino.
Seguía echando de menos a mi niño muchísimo.
Se marcharon mi hermana y el peque.
Vi a mi niño y discutimos.
Fuimos al concierto de Amaral.
Pasamos la noche y el día siguiente en Barcelona.
Hicimos el amor por la mañana con muchas ganas.
Vimos una peli en 3D, comimos en una de nuestras pizzerías favoritas y me compré el vestido para una boda que tengo en agosto.
Hicimos el amor apasionadamente y como locos.
Descansamos en casa todo el domingo.
Hemos ido a la playa.
Y he echado de menos a mi otro niño.

miércoles, 1 de julio de 2009

No soy un ángel

La cuestión no es lo que nos valoramos nosotros mismos, sino lo que valoramos a la persona que queremos.
Tal vez yo no sea tan perfecta, tan angelito, tan fácil de aguantar cada día. Tal vez yo tampoco soy un buen partido para otra persona, porque tal vez esa persona también merezca algo mejor.

Valoro a la persona que amo por encima de todo. No es perfecto, es más a veces es inaguantable. No es todo lo cariñoso que a mí me gustaría, ni todo lo apasionado. Es cabezón, obsesivo y algo egoísta. Porqué le quiero entonces? Quizá porque nos parecemos más de lo que parece.
Igual yo me paso de cariñosa y apasionada para su gusto y tampoco le gusta. También soy bastante cabezona, obsesiva, y egoísta. Porque cuando quiero algo hago lo que sea por tenerlo.
Puede que mi actitud entonces no sea la mejor, puesto que estoy empeñada en tenerle.

No soy un ángel. Como tampoco lo es él.

Pero hay momentos que lo valen todo, que hacen que merezca la pena seguir adelante, intentarlo. Que hay que aprovechar porque la vida es corta, y nunca sabemos hasta cuándo estaremos aquí.

Y tengo muchos momentos guardados, muchos momentos que recordar y seguro que muchos por vivir.
Como el de esta tarde, bañándonos en la playa al atardecer, en una cala que no había nadie, incluso ha salido el arco iris.

Le he abrazado y me ha dicho no te vayas este finde.

- Sí, que tienes que hacer lo de la presentación.
- Que no, mejor nos vamos al chino y a la playa, o de excursión...
- No, que tienes que hacer eso.
- Además si viene tu hermana la semana que viene no nos veremos hasta el viernes, son muchos días.
- Bueno, pero así descansamos de vernos, no necesitabas espacio?
- Te lo guardas todo eh?

Mientras estábamos en el agua le he rodeado con mis brazos y mis piernas, y me ha dicho

- Te echaré de menos
- Yo también a tí
- No te vayas


Pero sí que me iré, porque tengo que ir a Zaragoza, porque me apetece, y porque realmente si no, no hará lo que tiene que hacer. Quizá no nos vayan mal esos días sin vernos. Como le he dicho, así me echarás de menos.

En el fondo, no puede vivir sin mí.

lunes, 29 de junio de 2009

Berlín

Esa ha sido la causa de mi ausencia. Esa gran ciudad que me ha tenido absorbida durante unos días, pocos para mi gusto, porque bien me habría quedado muchos días más, pero me conformo con al menos haberla conocido.

Berlín es otro mundo. Nada que ver con cualquier ciudad europea, al menos las que conozco. Es una ciudad que une lo antiguo con lo más moderno, la gente va a su bola, todo está permitido y admitido. Gente muy amable que intenta ayudarte si te ve perdida. Gente respetuosa, educada y sobre todo limpia.
En las orillas del río Spree hay zonas de bares que son como playas, con arena, hamacas o lo que pillen para que te sientes. Tienes una caseta donde te venden la bebida y hay gente de todo tipo. Todo está limpísimo. Hay otras zonas que tienen césped y la gente va allí a beber, a tomar el sol, a pasar el rato. Es el sitio idóneo para que esté sucio y se dejen las botellas y la basura tirada por ahí. Vamos, como suele pasar en cualquier parque de aquí. Pues la gente se levanta con su botella a la papelera y no ves ni una caca de perro por el parque.
Eso sí que lo envidio, la educación que tiene esa gente. No les envidio el clima ni la alegría que tenemos aquí, ni las playas que aquí son de verdad.

Berlín es enorme, no me la imaginaba tan grande. Tiene un parque el doble de grande que Hyde Park en medio mismo de la ciudad, el zoo más completo que he visto en medio de la ciudad, los centros comerciales más grandes que he visto. No he visto a ningún alemán desnudo, para saber si todo es tan grande, jajaja.

En fin, que el viaje estuvo muy bien, volvimos supercansados, pero lo pasamos muy bien.

Eso sí, volvimos con una pequeña crisis. Durante los cinco días que estuvimos allí solo lo hicimos una vez. Siempre me decía que estaba cansado, no funcionó ninguno de mis trucos, ni la indiferencia, ni los mimos, ni ponerme ropa interior sexy. Nada.
A la vuelta me dijo que le preocupaba esta falta de deseo que tenía últimamente, que solo se ponía si yo me disfrazaba de algo, como el día que me vestí de enfermera y se puso como loco, justo el finde antes de irnos.
Volvió a salir el tema de la diferencia de sentimientos, que él me quiere mucho más que a una amiga, que es algo especial, pero no tanto como para ser pareja. En fin, lo de siempre. Que tenemos que dejar que las cosas fluyan. Las estoy dejando fluir hace tres años y medio ya, pero parece que no cambian como a mí me gustaría. Ni cambiarán.

Me quedo con lo bueno de las vacaciones, ya pasé el sábado y el domingo bastante mal, así que voy a aprovechar mi último día de vacaciones en la playa y comiendo paella.

martes, 16 de junio de 2009

Besos

Echo de menos esas largas sesiones de besos en un sofá, en el asiento del coche, o en cualquier rincón.

Esos besos largos, infinitos, cálidos, húmedos. Esos en los que las lenguas pasean por el interior de la otra boca, en las que se muerden los labios, en los que acabas con la barbilla escocida de tanto roce.

Tengo ganas de un buen beso, de uno de verdad, de uno de los que sientes que te desean con todas sus fuerzas.

Echo de menos un beso de verdad.

jueves, 11 de junio de 2009

Cenamos?

Ayer por la tarde le llamé para decirle que no podría ir a jugar, porque me estaba doliendo bastante la espalda y no quiero fastidiarla justo antes de las vacaciones.
Por la noche me dijo que hoy tampoco podríamos quedar porque tenía que quedarse hasta más tarde en el trabajo.

- Así que ya nos nos veremos hasta el lunes, ostras.

Hoy le he puesto un sms diciéndole que si no salía muy tarde podíamos ir a cenar.

Siempre que le digo algo me dice que no, que sale cansado, que no tiene ganas más que de irse a casa y no hacer nada.

Y sorpresa! Me ha llamado y me ha dicho que estaba a cinco minutos de casa, que pasaba a buscarme y nos íbamos a cenar.

Y ha sido como la comida del chino, no sé si porque tenía muchas ganas o porque estaba muy buena pero me ha sentado genial. Pues con él lo mismo, no sé si porque tenía muchas ganas de verle, y eso que solo había pasado un día, o porque estaba guapísimo con su polo morado que solo le había visto en el probador antes de comprárselo, pero me he puesto supercontenta. Ha sido la inyección de adrenalina que necesitaba para terminar la semana.

Mañana me voy a Zaragoza, a celebrar el cumple de mi sobrino que ya ha cumplido dos añazos. Qué rápido pasa el tiempo, madre mía.

Pues ya os contaré el lunes qué tal el finde, que seguro que lo paso genial, pero segurísimo que echo de menos infinito a mi niño.

martes, 9 de junio de 2009

Tranquilidad

Las cosas se calmaron. Al día siguiente. No hizo falta esperar mucho.

Ya no ha vuelto a salir el tema, y no ha vuelto a hablar del tema de dinero ni del ahorro ni nada. De hecho, estuvo diciéndome que a ver si nos íbamos de vacaciones a algún sitio diferente, a la India, a Nueva York, o donde sea. Y ahí le tuve que parar yo los pies diciéndole que no sé cuánto dinero tendría yo de aquí a entonces, que estoy pelada.
Primero vamos a Berlín y luego ya hablaremos.

El finde fue tranquilo.
El viernes fui de cena con los del trabajo y me lo pasé genial, nos reímos mucho y nos desfasamos más todavía. Casi agradezco que a la chica que hizo un montón de fotos con el móvil se lo robaran, porque allí había de todo para hacer un chantaje, jajaja.

El sábado estuve de resacón, y él también porque había quedado con su amigo, así que toda la tarde en el sofá.
El domingo fuimos a caminar un rato y a comer un arroz caldoso que estaba de vicio.

Así que en general todo sigue bien.

martes, 2 de junio de 2009

La vuelta de la tortilla

No se puede hablar con él. En serio, como se le meta algo en la cabeza es que es imposible ni explicarse ni nada.

Me ha llamado hace un rato diciendo que estaba preocupado porque a su padre puede que lo echen del trabajo, y que quería que fuésemos controlando los gastos. Que el viaje lo haremos porque ya está pagado pero que ya tendremos que controlarnos porque si su padre no trabaja tendrá que dar dinero en casa.
Vale, me parece bien.

Pero me ha dicho que ahora ya no sabía ni siquiera si salir el viernes con su amigo. Le he dicho, hombre pues sal, que por que salgas el viernes tampoco pasa nada.

- Es que tú no lo entiendes.
- Hombre, claro que lo entiendo, pero vamos, me refiero que lo que gastes el viernes ya que has quedado tampoco te saca de apuros.
- Como se nota que tú no has pasado por eso y no sabes lo que es estar en el paro.
- Claro que lo sé, que también estuve, y a mi padre también lo echaron y era peor porque entonces éramos los tres pequeños y no trabajaba nadie en casa.
- Pero tú estuviste en paro hace muchos años, y total tenías veinte años o menos, no es lo mismo.
- Vale pero sé lo que es no encontrar nada, no tener pasta, y además he estado contigo todo el tiempo que estuviste tan mal, claro que sé lo que se pasa. Me fastidia que minimices lo mío para hacer lo tuyo más grande.
- Mira, que lo ves todo muy fácil, te crees que si salgo no va a pasar nada.
- No sé si pasará o no, pero desde luego porque salgas no te arruinas.
- Mira déjalo, que al final voy a decir cosas que no siento y va a ser peor, venga adiós
- Pero por qué te enfadas, si no te he dicho nada malo.
- Déjalo que me estoy poniendo nervioso y todo ya, adiós.
- Adiós.

A ver, que no le quito importancia al tema, pero tampoco es para que ahora se quede encerrado en casa a cal y canto, que lo conozco y exagera las cosas más de lo que son. Vale que es una mierda que te echen, y sobre todo a ciertas edades que es más complicado encontrar algo, y sobre todo en este momento. Pero es que él pasa de vamos a gastar a no suelto un duro porque nos vamos a morir de hambre. Y tampoco es eso. Vale que quiera controlar gastos, pero es que él tiene su sueldo, no necesita que lo mantengan, su padre cobrará paro, y su madre también trabaja. Así que la cosa no es tan precaria, me parece a mí, como para dejar de salir ya esta semana.

En fin, espero que se calme un poco, que entiendo su preocupación, pero que no se agobie. Ahora va a cambiar la tortilla, y todo lo que nos hemos movido se convertirá en quedarnos en casa. Pero lo más importante es que no se agobie demasiado porque lo conozco y sé lo que me espera, aguantar la misma cantinela de yo no lo entiendo y vivo muy bien. Como tengo el trabajo fijo ya no tengo derecho a opinar por lo que parece.