Lo que no te mata te hace más fuerte. De la misma manera si lo nuestro no se acaba con una discusión o una pequeña crisis, nos hace sentirnos más unidos. Nos damos cuenta de que quizá es más fuerte de lo que pensábamos.
A mí me encanta el sexo, y sobre todo el sexo con él. El es más frío que yo, yo soy muy lapa.
Cuando yo estoy mal lo primero que quiero hacer es meterme entre sus brazos, es ahí donde me siento a salvo de todo. Cuando él está mal a veces quiere desaparecer y estar solo.
A mí los nervios y las preocupaciones no me afectan con él, sigo deseando abrazarle, hacer el amor con él. A él le hacen comerse la cabeza y no está para nada ni para nadie.
Por todo esto el domingo tuvimos una discusión, otra, la misma que últimamente.
El no tiene tantas ganas de hacerlo y yo me muero por estar con él, le digo que si ya no le gusto, si no está a gusto conmigo, que yo no puedo estar haciéndolo una vez en todo el finde.
Al final dice que cada uno es como es, que no puedo cambiar su forma de ser, que a veces le encanta que le toque, pero otras veces no le gusta que le toque ni yo ni nadie.
Me dice que si no estoy bien que me lo piense, que tengo que valorar otras cosas, que si solo quisiera sexo ahora tiene a la asturiana y podría irse con ella, y quizá lo hiciera, pero estoy yo y no quiere hacerlo. Dice que ahora no quiere ser pareja ni mía ni de nadie, que no está enamorado de mí, pero no sabe si cuando pase el tiempo querrá dar otro paso más conmigo, o no, o aparecerá alguien. Nunca se sabe nada.
Dice que no le da igual lo que yo decida, que no quiere perderme, que lo pasaría muy mal y le costaría mucho, pero cuando pasara un tiempo cortaría radicalmente y seguiría adelante.
Y yo pienso, y me siento mal, y valoro.
Pienso en el día anterior, que estuvimos pasando el día en Barcelona, que me invitó a comer, que paseamos de la mano, que comimos helado y fuimos al Imax en 3D, que hablamos, reímos y me sentía realmente feliz.
Y me siento mal porque no quiero discutir con él, ni quiero oir ciertas cosas, pero prefiero saberlas que vivir una mentira. Y no quiero perder a alguien tan importante para mí, a alguien que cada vez me demuestra que le importo.
Y sobre todo valoro cada detalle, cada cambio que ha tenido por mí, cada momento que me demuestra que se preocupa por mí, que soy importante también para él.
El me llama por la noche para preguntar que tal estoy, si ya se me ha pasado.
Me llama al día siguiente y me pregunta qué tal estoy. Le digo que estoy pensando.
Me llama por la noche y me pregunta si ya he pensado, que qué quiero hacer.
Le digo que ni él ni yo somos perfectos, que tendré que aprender que no todo el mundo es como yo ni como me gustaría que fuera. Que igual que él acepta lo que no le gusta de mí, yo acepto lo suyo, y que valoro lo que él cree que no, que me importa más de lo que piensa, que no tengo que disculparme porque me guste hacer el amor con él a todas horas, y que intentaré adaptarme, pero que también él tiene que poner de su parte.
Después de todo lo que hemos pasado no podemos terminar ahora por una diferencia de personalidad, por no hablar las cosas.
Y me doy cuenta de que estamos más unidos de lo que creía, de que siente algo más que hace un tiempo.