Aunque dicho así suene fatal, la verdad es que fueron unos días maravillosos.
Lo mejor, pasar cinco días enteros con mi niño, compartir con él todos esos momentos y estar en los sitios que más ilusión me hacía con él. Yo sabía que esta vez iba a ver una Roma diferente a la que vió el año pasado con ella.
A mí siempre me ha atraído mucho todo lo de romanos, las ruinas, su forma de vivir, en fin, estas cosas. Y el Coliseo para mí ha sido siempre una obra impresionante por su tamaño para la época, por su construcción, por todo lo que representaba. Siempre le hablaba a él de esto, y me dijo que tampoco le había gustado mucho, que le había dejado bastante indiferente cuando estuvo. Pero esta vez, no le ha dejado indiferente, desde luego lo ha visto de otra manera, y estando dentro, que la otra vez no entró, desde luego sí que le impresionó. Solo con eso me siento satisfecha.
Y no es porque haya estado conmigo y lo vea todo más romántico, más de color de rosa, pues ya se ha encargado de repetirme que para quien crea en el amor desde luego Roma está llena de sitios románticos, pero que él cada vez está más convencido de que eso no existe. Vimos unos novios haciendo el reportaje de boda y decía, otros que han caído y meten la pata.
Pero bueno, ahí estaba él abrazándome cuando paseábamos, disfrutando conmigo y alegrándose de verme tan bien. El viernes cuando hablamos nada más salir de trabajar ya me dijo que me había cambiado la voz, que se me notaba más alegre. Lo mismo que el siguiente viernes, cuando ya estábamos en casa. Dijo que volvía a ser la Sally de siempre, más tristona y apagada. Y es que con la vuelta volvieron todas las preocupaciones, las vueltas a mi cabeza, la vuelta a la rutina en definitiva.
El salió con los amigos el viernes por la noche y yo me quedé en casa, con muchas ganas de salir de fiesta y dándole vueltas a lo que haría o dejaría de hacer. Al día siguiente me preguntó cómo estaba, si había pensado en él.
- Pues claro, no he hecho otra cosa
- Pero para bien o para mal?
- Pues de todo, la verdad que me he rayado mucho, pero bueno
- Ay, es que tú siempre igual. Si ya sabes que no busco nada, y además no me apetece liarme con nadie.
- Ya, pero tus colegas igual te insisten y no sé, que me es muy dificil confiar en tí.
- Pero ellos ya saben que estoy con alguien, y ya les dije que ni me busquen pareja porque estoy muy bien así y no quiero tenerla ni me digan nada porque no quiero meter la pata.
No me ha gustado volver, llevo otra vez mal desde entonces por eso, por tener que volver al trabajo, por sentirme tan encerrada.
Parece que no me haga ilusión ni los días que he estado fuera, ni el crucero que hemos prereservado hoy ni nada. Pero sí que me lo hace, en serio, simplemente tengo la depre postvacacional.
Y volviendo al tema del post, que debería ser alegre y no lo que está saliendo, Roma estuvo genial. Sí que discutimos y había veces que no lo aguantaba, pero es normal cuando estás todo el día en la calle pasando calor, cansada y con ganas de beber o comer.
No me olvido de las risas, ni de sus abrazos, ni de las veces que hicimos el amor en la habitación, ni de su paciencia conmigo, ni de la noche en el Coliseo.
No me olvido de su deseo de ser un emperador en esos tiempos, o de cómo nos imaginábamos a la gente paseando por los foros o gritando a los gladiadores.
No me olvido de esas cenas en las callejuelas estrechas adornadas con plantas y esa luz tenue y amarillenta.
No me olvido de cómo me miraba mientras yo disfrutaba de algo y me decía, Ay la Sally, qué bien se lo pasa, y me abrazaba o me daba un beso.
Vimos un montón de sitos, remamos en el lago de Villa Borghese, comimos helados y granizados por todos los rincones, escuchamos ópera y música clásica en la Piazza Spagna por la noche, descubrimos Ostia Antica una ciudad casi intacta. Se quedó extasiado en la capilla Sixtina y reconoció que el Coliseo sí que impresionaba.
Hicimos tantas cosas que no cabrían en un solo post, pero os pongo unas fotos para que veais algunos de los sitios que estuvimos.
En Ostia Antica, en los restos de una taberna.
En el paseo del Gianicolo, para sentir que tienes Roma a tus pies.
En Villa Borghese, otra vista impresionante de Roma desde las alturas.
En la plaza del Panteón, aunque haya tanta gente yo soy la de amarillo :P