La verdad, no sé por qué se llama meme a esta especie de test, será porque son una memez? jajaja. A mí en el fondo me encantan, te pasas un rato divertido leyéndolos y haciéndolos. Este me lo ha pasado Marianeli, así que ahí va.
LO QUE TE CHOCA: La gente que odia a los animales, no sé cómo pueden hacerles daño.
LO QUE TE ERIZA: una caricia en la nuca
LO QUE TE EXCITA: sus manos por mi cuerpo
LO QUE TE SUELTA (libera?): estar con él
LO QUE TE HACE REIR: mis amigos, mi niño, mi sobrino... me río con bastante facilidad :D
LO QUE TE HACE FALTA PARA SER FELIZ: Que me toque la primitiva y dejar de trabajar :P
LO QUE TE HACE LLORAR: Hay días que nada, otros todo.
LO QUE TE DA NAUSEAS: El abuso de poder, mi jefa... y más cosas que no pondré por no ser desagradable.
LO QUE TE TRAE INFELICIDAD: Pensar en perder a la gente que quiero
LO QUE TE LASTIMA: Que no me tengan en cuenta
LO QUE DESEAS: Hacer un crucero, viajar mucho, ser feliz siempre.
LO QUE TEMES QUE LLEGUE: El seguro del coche
LO QUE NO QUIERES PERDER: Mis recuerdos, la gente que quiero
LO QUE QUIERES ALCANZAR: Que mi niño se enamore de mí, y ser feliz
LA FECHA QUE ODIO: La Navidad en general, me cansa bastante
LA FESTIVIDAD QUE ADORAS: San Juan, el comienzo del verano
UNA MENTIRA QUE HAYAS DICHO: Si digo alguna es por no hacer daño a alguien, no suelo mentir , no me sale.
UNA NOSTALGIA: Los días que pasaba en casa de mi abuela y su tortilla de patata
No sé a cuánta gente hay que pasárselo como Marianeli lo ha pasado a tres pues yo no voy a ser menos, y nomino a..... Tam, Carn y Nicole.
Hala venga, a entreteneros un ratico.
domingo, 3 de febrero de 2008
La imagen perfecta
Esta mañana he abierto los ojos y ahí estaban, mi gato acurrucado junto a mí, al otro lado mi niño. Entonces se ha dado la vuelta se ha pegado a mi espalda y me ha abrazado.
Esa era la imagen perfecta para mí, la sensación única de estar un domingo por la mañana holgazaneando en la cama, lo que quiero tener para el resto de mi vida.
Me gusta despertarme y ver que está a mi lado, me gusta más cuando le abrazo y le acaricio la tripa, o más abajo. Me gusta que él se dé la vuelta y me acaricie también. Me gusta meterme debajo de las sábanas y hacer que se despierte con una sonrisa, gimiendo de placer.
Me gusta cenar con él en casa, a la luz de las velas, con música suave de fondo, y hablar de cualquier cosa mientras acabamos el vino. Pero me gusta más todavía cuando hablamos sobre nosotros, sobre nuestros miedos, nuestro pasado, nuestras historias, sobre lo que queremos hacer.
Me gusta cuando se tumba en el sofá y yo le beso, y empezamos a acariciarnos, y a veces no llegamos a la cama.
Me gusta que las conversaciones se alarguen en el sofá, y me gusta lo que me contestó cuando le pregunté qué es lo que más le gustaba de mí y lo que más detestaba.
- Lo que más me gusta, muchas cosas. Que siempre estás ahí cuando te llamo, que si te digo que te pidas un día de fiesta para acompañarme a algún sitio lo haces, aunque a veces te la juegues, que sé que si te digo para quedar siempre me dices que sí. Tu paciencia, tienes mucha paciencia conmigo. Que no nos estancamos, siempre hacemos algo y vamos cambiando. Me gusta cómo eres, que te muestras tal como eres, que eres muy buena gente. Que aunque para unas cosas eres muy tímida para otras no te da corte nada, y eso lo admiro mucho. No sé muchas cosas.
- Y lo que más detestas?
- Nada. No hay nada que no me guste tanto como para decir que lo detesto. Bueno sólo una cosa que no me gustó, pero no voy a repetirme.
Sonreía, se refería a cuando me lié con el dj. No le sentó bien, le dolió y aún se acuerda.
- Bueno y tampoco me gustó cuando no querías hablar conmigo. Que te llamaba y no querías cogerme el teléfono, lo pasé muy mal. Esa sensación de que no quisieras ni hablarme no me gustó.
- Yo también lo pasé muy mal, pero en ese momento quería cortar, quería acabar con todo y sabía que si te hablaba no podría.
- La verdad que si me hubieran dicho entonces que iba a acabar contigo, en otro trabajo y como estoy ahora, no me lo habría creído. Estaba tan a punto ya de irme a vivir con ella, más o menos bien el trabajo , habíamos hecho muchos planes y no pensé que cambiaría tanto la situación.
Tampoco yo lo pensaba. Aquellos días sin hablarnos, que aunque fueron dos o tres me parecieron una eternidad, creí que eran el final de todo. Tampoco yo me hubiese creído que ahora estuviéramos tan bien, que no tendría que compartirle, que seguiría teniendo dudas respecto a nuestro futuro aunque diferentes a las que tenía.
Mañana empieza en el nuevo trabajo, nuevos horarios y turnos. Se acabó vernos todos los días. Se hará lo que se pueda, pero se me va a hacer muy duro no verle tan seguido, no ir a jugar cada día con él. Empieza una nueva época.
Esa era la imagen perfecta para mí, la sensación única de estar un domingo por la mañana holgazaneando en la cama, lo que quiero tener para el resto de mi vida.
Me gusta despertarme y ver que está a mi lado, me gusta más cuando le abrazo y le acaricio la tripa, o más abajo. Me gusta que él se dé la vuelta y me acaricie también. Me gusta meterme debajo de las sábanas y hacer que se despierte con una sonrisa, gimiendo de placer.
Me gusta cenar con él en casa, a la luz de las velas, con música suave de fondo, y hablar de cualquier cosa mientras acabamos el vino. Pero me gusta más todavía cuando hablamos sobre nosotros, sobre nuestros miedos, nuestro pasado, nuestras historias, sobre lo que queremos hacer.
Me gusta cuando se tumba en el sofá y yo le beso, y empezamos a acariciarnos, y a veces no llegamos a la cama.
Me gusta que las conversaciones se alarguen en el sofá, y me gusta lo que me contestó cuando le pregunté qué es lo que más le gustaba de mí y lo que más detestaba.
- Lo que más me gusta, muchas cosas. Que siempre estás ahí cuando te llamo, que si te digo que te pidas un día de fiesta para acompañarme a algún sitio lo haces, aunque a veces te la juegues, que sé que si te digo para quedar siempre me dices que sí. Tu paciencia, tienes mucha paciencia conmigo. Que no nos estancamos, siempre hacemos algo y vamos cambiando. Me gusta cómo eres, que te muestras tal como eres, que eres muy buena gente. Que aunque para unas cosas eres muy tímida para otras no te da corte nada, y eso lo admiro mucho. No sé muchas cosas.
- Y lo que más detestas?
- Nada. No hay nada que no me guste tanto como para decir que lo detesto. Bueno sólo una cosa que no me gustó, pero no voy a repetirme.
Sonreía, se refería a cuando me lié con el dj. No le sentó bien, le dolió y aún se acuerda.
- Bueno y tampoco me gustó cuando no querías hablar conmigo. Que te llamaba y no querías cogerme el teléfono, lo pasé muy mal. Esa sensación de que no quisieras ni hablarme no me gustó.
- Yo también lo pasé muy mal, pero en ese momento quería cortar, quería acabar con todo y sabía que si te hablaba no podría.
- La verdad que si me hubieran dicho entonces que iba a acabar contigo, en otro trabajo y como estoy ahora, no me lo habría creído. Estaba tan a punto ya de irme a vivir con ella, más o menos bien el trabajo , habíamos hecho muchos planes y no pensé que cambiaría tanto la situación.
Tampoco yo lo pensaba. Aquellos días sin hablarnos, que aunque fueron dos o tres me parecieron una eternidad, creí que eran el final de todo. Tampoco yo me hubiese creído que ahora estuviéramos tan bien, que no tendría que compartirle, que seguiría teniendo dudas respecto a nuestro futuro aunque diferentes a las que tenía.
Mañana empieza en el nuevo trabajo, nuevos horarios y turnos. Se acabó vernos todos los días. Se hará lo que se pueda, pero se me va a hacer muy duro no verle tan seguido, no ir a jugar cada día con él. Empieza una nueva época.
martes, 29 de enero de 2008
Hoy
Hoy parece que las nubes han pasado, parece que mis nervios se han calmado.
Hoy tenía muchas ganas de verle, qué tontería! si le ví ayer. Pero aún así sentía unas ganas tremendas de abrazarle, de darle un beso.
Me sentía fatal por tantos días de discusiones, es como si hubiese estado perdiendo un tiempo precioso.
Pero de todo se saca alguna experiencia, de todo sale algo bueno.
Desde luego no se han alejado mis dudas, siguen ahí, pero prefiero no hacerles mucho caso y disfrutar cada momento. Quién sabe lo que la vida nos traerá.
Hoy vuelvo a sentirme bien, y eso es lo que importa.
Hoy tenía muchas ganas de verle, qué tontería! si le ví ayer. Pero aún así sentía unas ganas tremendas de abrazarle, de darle un beso.
Me sentía fatal por tantos días de discusiones, es como si hubiese estado perdiendo un tiempo precioso.
Pero de todo se saca alguna experiencia, de todo sale algo bueno.
Desde luego no se han alejado mis dudas, siguen ahí, pero prefiero no hacerles mucho caso y disfrutar cada momento. Quién sabe lo que la vida nos traerá.
Hoy vuelvo a sentirme bien, y eso es lo que importa.
domingo, 27 de enero de 2008
Eterno excelente
He pasado una mala temporada, no sé si aún estoy con alguna tontería pegada en mi cabeza.
Se me han juntado varias cosas, y me he sentido hundida, perdida, con ganas de salir corriendo, dejarlo todo atrás. Muy agobiada, ansiosa y desquiciada.
He llegado a plantearme si mi niño está conmigo por conveniencia, por no estar solo, si se avergüenza de mí. La verdad que a veces hace cosas que es para planteárselo, pero conociéndole no sé de qué me extraño.
Ayer por la tarde discutimos otra vez, y dijo que últimamente no hacíamos más que discutir, que no sabía qué nos estaba pasando. Que quedaba conmigo porque se lo pasaba muy bien y estaba muy a gusto pero que estos días hasta se lo pensaba dos veces porque no quería acabar discutiendo.
En parte ha sido por mi culpa, estaba tan nerviosa, tan insegura de todo que saltaba a la mínima, pero con él y con todo el mundo. Es como si mi paciencia se hubiera acabado por completo, como si ya no quisiera callarme nada, todo me daba igual.
Y así se lo dije ayer. Estuvimos hablando durante la cena, tranquilamente. El decía que a lo mejor vernos tanto no nos iba bien, nos cansábamos aunque fuera inconscientemente, y a lo mejor estaría bien vernos dos o tres días a la semana. Le expliqué que no era eso, al menos por mi parte, porque aunque había días que también pensaba eso, luego sentía que quería estar con él, que aunque hubiese una discusión también había muchas risas, abrazos, contarnos cosas y hablar de todo un poco, desahogarnos, jugar, pasear, comentar la película del cine. En fin, que no quería perder eso, y menos ahora que enseguida empezará a trabajar y ya no será igual, ya no nos veremos todos los días.
Le conté que me sentía tan mal en el trabajo, en casa, con todo el mundo, hasta con él a veces, porque parece como si tuviese que estar siempre demostrando algo, lo que valgo, y encima parece que no valgo nada. Parece que nunca esté a la altura en nada. Ni en el trabajo, porque la imbécil de mi jefa todo lo cuestiona. Ni en casa, porque mi amiga y su novia discuten mucho y la mayoría de las veces es por los celos que ella tiene de mí, y aunque no haga yo nada ni sea mi culpa, me siento culpable de no sé qué.
Sé que mucha gente, mis amigos, mi hermana, cuestionan mi comportamiento en esta relación, por lo que pasó y por cómo estoy ahora, aunque no me digan nada directamente, y aunque a mí no me importe lo que piensen porque siempre he actuado como me ha dictado mi cabeza y mi corazón.
Y por él, porque siento que nunca hago nada bien porque me dice que soy torpe, que soy vaga, o cualquier cosa. Dice que no haga caso de eso, que él es así con todo el mundo, siempre se está metiendo con quien sea, le gusta chinchar, que desde luego conmigo no tendría que hacerlo, al menos tanto, que es broma , que con todo lo que me diga que me quede con un diez por ciento porque lo dice por decir.
Le digo si se avergüenza de mí porque no quiere que me vean sus padres o sus amigos, y dice que en absoluto, que si no no saldría conmigo por cualquier parte, pero que para esas cosas él es muy raro, muy celoso de su intimidad, que no quiere que sus padres ni nadie sepa lo que hace o con quién va. Que nunca ha dicho nada en casa de lo que hace o deja de hacer. Que su madre es muy tradicional y siempre cuestiona muchas cosas, tiene bastantes prejuicios, y no quiere que si me ve empiece a comerle la cabeza con cualquier idea que ella tenga. como que qué hace con una mujer más mayor o cosas así.
Yo me siento mal por haber pasado estos días discutiendo tanto, aunque sé que también hay que tener mucha paciencia para estar con él, al menos yo, porque nuestros caracteres chocan mucho si uno de los dos no está calmado y cargado de paciencia. También él la ha tenido conmigo, me ha aguantado cosas que sé que le sacan de quicio, pero ahí ha estado.
Después de la conversación me preguntó qué balance hacía de estos dos años, qué nota le ponía, le dije que un diez, porque aunque he pasado momentos muy malos, también los he pasado muy buenos, y desde luego no me arrepiento de nada, volvería a hacerlo.
El dijo que tampoco se arrepentía de nada, que le había influenciado en muchas cosas, que le había apoyado mucho, que le ponía un eterno excelente.
Entonces se levantó, se acercó a mi silla, se puso detrás, me abrazó y me besó en la cara. Le dije que yo creía que teníamos una bonita historia, por lo que había pasado y por cómo estábamos ahora, que habíamos pasado de todo y seguíamos juntos.
- Pues claro tonta.
Yo no quería que dejara de abrazarme. Fue entonces cuando empecé a sentirme mejor.
Aún así sigo un poco tocada, no se me ha pasado del todo, pero sé que no quiero volver a discutir con él. Sigo teniendo un mar de dudas, de inseguridades con respecto a él, siempre dice que no sabe qué pasará, si acabará conmigo, con otra o con nadie, que lo único que sabe es que ahora quiere centrarse en su trabajo, en buscar piso, en hacer sus cosas, y que está muy bien así, que no quiere conocer a nadie ni tener una relación con nadie. Y me pregunto dónde me deja eso a mí? Qué pasará cuando pase el tiempo?
Y no lo sé. Y sigo con él porque quiero estar con él. Y porque otras veces me dice que soy tan importante para él, cuenta conmigo para la mayoría de sus cosas y decisiones, porque para la película que estamos viendo cinco o seis veces solo para mirarme y abrazarme, para darme un beso, porque me abraza cuando paseamos o mientras estoy haciendo la cena.
Tengo que volver a recuperar mis dosis de paciencia, seguridad y confianza, y seguir hacia delante aprovechando cada momento.
Se me han juntado varias cosas, y me he sentido hundida, perdida, con ganas de salir corriendo, dejarlo todo atrás. Muy agobiada, ansiosa y desquiciada.
He llegado a plantearme si mi niño está conmigo por conveniencia, por no estar solo, si se avergüenza de mí. La verdad que a veces hace cosas que es para planteárselo, pero conociéndole no sé de qué me extraño.
Ayer por la tarde discutimos otra vez, y dijo que últimamente no hacíamos más que discutir, que no sabía qué nos estaba pasando. Que quedaba conmigo porque se lo pasaba muy bien y estaba muy a gusto pero que estos días hasta se lo pensaba dos veces porque no quería acabar discutiendo.
En parte ha sido por mi culpa, estaba tan nerviosa, tan insegura de todo que saltaba a la mínima, pero con él y con todo el mundo. Es como si mi paciencia se hubiera acabado por completo, como si ya no quisiera callarme nada, todo me daba igual.
Y así se lo dije ayer. Estuvimos hablando durante la cena, tranquilamente. El decía que a lo mejor vernos tanto no nos iba bien, nos cansábamos aunque fuera inconscientemente, y a lo mejor estaría bien vernos dos o tres días a la semana. Le expliqué que no era eso, al menos por mi parte, porque aunque había días que también pensaba eso, luego sentía que quería estar con él, que aunque hubiese una discusión también había muchas risas, abrazos, contarnos cosas y hablar de todo un poco, desahogarnos, jugar, pasear, comentar la película del cine. En fin, que no quería perder eso, y menos ahora que enseguida empezará a trabajar y ya no será igual, ya no nos veremos todos los días.
Le conté que me sentía tan mal en el trabajo, en casa, con todo el mundo, hasta con él a veces, porque parece como si tuviese que estar siempre demostrando algo, lo que valgo, y encima parece que no valgo nada. Parece que nunca esté a la altura en nada. Ni en el trabajo, porque la imbécil de mi jefa todo lo cuestiona. Ni en casa, porque mi amiga y su novia discuten mucho y la mayoría de las veces es por los celos que ella tiene de mí, y aunque no haga yo nada ni sea mi culpa, me siento culpable de no sé qué.
Sé que mucha gente, mis amigos, mi hermana, cuestionan mi comportamiento en esta relación, por lo que pasó y por cómo estoy ahora, aunque no me digan nada directamente, y aunque a mí no me importe lo que piensen porque siempre he actuado como me ha dictado mi cabeza y mi corazón.
Y por él, porque siento que nunca hago nada bien porque me dice que soy torpe, que soy vaga, o cualquier cosa. Dice que no haga caso de eso, que él es así con todo el mundo, siempre se está metiendo con quien sea, le gusta chinchar, que desde luego conmigo no tendría que hacerlo, al menos tanto, que es broma , que con todo lo que me diga que me quede con un diez por ciento porque lo dice por decir.
Le digo si se avergüenza de mí porque no quiere que me vean sus padres o sus amigos, y dice que en absoluto, que si no no saldría conmigo por cualquier parte, pero que para esas cosas él es muy raro, muy celoso de su intimidad, que no quiere que sus padres ni nadie sepa lo que hace o con quién va. Que nunca ha dicho nada en casa de lo que hace o deja de hacer. Que su madre es muy tradicional y siempre cuestiona muchas cosas, tiene bastantes prejuicios, y no quiere que si me ve empiece a comerle la cabeza con cualquier idea que ella tenga. como que qué hace con una mujer más mayor o cosas así.
Yo me siento mal por haber pasado estos días discutiendo tanto, aunque sé que también hay que tener mucha paciencia para estar con él, al menos yo, porque nuestros caracteres chocan mucho si uno de los dos no está calmado y cargado de paciencia. También él la ha tenido conmigo, me ha aguantado cosas que sé que le sacan de quicio, pero ahí ha estado.
Después de la conversación me preguntó qué balance hacía de estos dos años, qué nota le ponía, le dije que un diez, porque aunque he pasado momentos muy malos, también los he pasado muy buenos, y desde luego no me arrepiento de nada, volvería a hacerlo.
El dijo que tampoco se arrepentía de nada, que le había influenciado en muchas cosas, que le había apoyado mucho, que le ponía un eterno excelente.
Entonces se levantó, se acercó a mi silla, se puso detrás, me abrazó y me besó en la cara. Le dije que yo creía que teníamos una bonita historia, por lo que había pasado y por cómo estábamos ahora, que habíamos pasado de todo y seguíamos juntos.
- Pues claro tonta.
Yo no quería que dejara de abrazarme. Fue entonces cuando empecé a sentirme mejor.
Aún así sigo un poco tocada, no se me ha pasado del todo, pero sé que no quiero volver a discutir con él. Sigo teniendo un mar de dudas, de inseguridades con respecto a él, siempre dice que no sabe qué pasará, si acabará conmigo, con otra o con nadie, que lo único que sabe es que ahora quiere centrarse en su trabajo, en buscar piso, en hacer sus cosas, y que está muy bien así, que no quiere conocer a nadie ni tener una relación con nadie. Y me pregunto dónde me deja eso a mí? Qué pasará cuando pase el tiempo?
Y no lo sé. Y sigo con él porque quiero estar con él. Y porque otras veces me dice que soy tan importante para él, cuenta conmigo para la mayoría de sus cosas y decisiones, porque para la película que estamos viendo cinco o seis veces solo para mirarme y abrazarme, para darme un beso, porque me abraza cuando paseamos o mientras estoy haciendo la cena.
Tengo que volver a recuperar mis dosis de paciencia, seguridad y confianza, y seguir hacia delante aprovechando cada momento.
miércoles, 23 de enero de 2008
Cansada
La verdad es que lo estoy, y mucho. Y no sólo físicamente, estoy cansada de cosas que pasan a mi alrededor, o no pasan.
En el trabajo lo llevo fatal, nunca os hablo de eso, pero estoy aburrida de hacer siempre lo mismo. No me llena para nada, estoy desilusionada de ver cómo nunca te agradecen nada, y mi jefa es una brasas que me tiene harta. Imagino que hasta aquí me pasa como a la gran mayoría, pero es que ella cada día me da más asco, no puedo ni mirarla a la cara. Me pone muy nerviosa hablar con ella, tanto que no puedo ni disfrutar de una tarde porque salgo atacada.
Hay más cosas que ahora no vienen al caso que me están afectando, pero bueno, lo peor es eso.
Así que he cogido fiesta hasta el lunes porque no puedo volver a trabajar. Necesito irme y desconectar, cambiar de aires. Y descansar.
Quería que la escapada fuera de cuatro días ya que no me llegaba para mucho más, pero a él no le va bien porque está ahorrando para independizarse, quiere irse ya de casa en un par de meses.
Pero yo no puedo más y necesito salir, así que al menos una noche pasaremos fuera. Nos vamos mañana a un balneario, nos relajaremos, pasaremos la noche y volveremos el viernes.
Y espero calmarme para volver el martes a trabajar, o no sé qué haré si no.
A veces pienso que no sé dónde va esta relación que ya no sé ni como llamar , que puede que sigamos así toda la vida, o puede que cuando se estabilice y empiece a trabajar, tenga su piso y se centre un poco, quizá pueda dar otro paso.
Supongo que todo esto me pasa por el agobio que llevo encima y aún me hace estar más deprimida. Pero al mismo tiempo los únicos momentos en los que estoy bien es cuando estoy con él. Y eso que últimamente discutimos bastante, pero bueno.
El me abraza, me hace sentir a salvo entre sus brazos, y no quiero salir de ahí nunca. Quiero quedarme hasta que todo esto pase.
Hace un par de días me estaba contando que en los cruceros se liga mucho, y le dije que tendría que irme a uno para ver si encuentro novio.
- Y para qué quieres novio?
- Para que me lleve a todos sitios sin que le importe que le vean, para que me acompañe al bautizo de mi sobrino...
- Pues para eso de alquilas un acompañante.
- Para que me quiera
- Hay muchas formas de querer
- Para hacer planes de futuro y estar con alguien
- Ya estás conmigo, además hacer planes de futuro es una tontería, hay cosas más importantes.
- Pero tú no eres mi novio no?
- Pues nos vemos todos los días
- Pero no somos novios
- Como si lo fuéramos
Como siempre a veces me ilusiono, y otras me decepciono.
En el trabajo lo llevo fatal, nunca os hablo de eso, pero estoy aburrida de hacer siempre lo mismo. No me llena para nada, estoy desilusionada de ver cómo nunca te agradecen nada, y mi jefa es una brasas que me tiene harta. Imagino que hasta aquí me pasa como a la gran mayoría, pero es que ella cada día me da más asco, no puedo ni mirarla a la cara. Me pone muy nerviosa hablar con ella, tanto que no puedo ni disfrutar de una tarde porque salgo atacada.
Hay más cosas que ahora no vienen al caso que me están afectando, pero bueno, lo peor es eso.
Así que he cogido fiesta hasta el lunes porque no puedo volver a trabajar. Necesito irme y desconectar, cambiar de aires. Y descansar.
Quería que la escapada fuera de cuatro días ya que no me llegaba para mucho más, pero a él no le va bien porque está ahorrando para independizarse, quiere irse ya de casa en un par de meses.
Pero yo no puedo más y necesito salir, así que al menos una noche pasaremos fuera. Nos vamos mañana a un balneario, nos relajaremos, pasaremos la noche y volveremos el viernes.
Y espero calmarme para volver el martes a trabajar, o no sé qué haré si no.
A veces pienso que no sé dónde va esta relación que ya no sé ni como llamar , que puede que sigamos así toda la vida, o puede que cuando se estabilice y empiece a trabajar, tenga su piso y se centre un poco, quizá pueda dar otro paso.
Supongo que todo esto me pasa por el agobio que llevo encima y aún me hace estar más deprimida. Pero al mismo tiempo los únicos momentos en los que estoy bien es cuando estoy con él. Y eso que últimamente discutimos bastante, pero bueno.
El me abraza, me hace sentir a salvo entre sus brazos, y no quiero salir de ahí nunca. Quiero quedarme hasta que todo esto pase.
Hace un par de días me estaba contando que en los cruceros se liga mucho, y le dije que tendría que irme a uno para ver si encuentro novio.
- Y para qué quieres novio?
- Para que me lleve a todos sitios sin que le importe que le vean, para que me acompañe al bautizo de mi sobrino...
- Pues para eso de alquilas un acompañante.
- Para que me quiera
- Hay muchas formas de querer
- Para hacer planes de futuro y estar con alguien
- Ya estás conmigo, además hacer planes de futuro es una tontería, hay cosas más importantes.
- Pero tú no eres mi novio no?
- Pues nos vemos todos los días
- Pero no somos novios
- Como si lo fuéramos
Como siempre a veces me ilusiono, y otras me decepciono.
miércoles, 16 de enero de 2008
Tiempos modernos
La semana pasada tuvimos unas cuantas discusiones, una de ellas bastante fuerte. No sé si estábamos más alterados de lo normal, o era yo que tenía las hormonas revueltas y todo me afectaba.
La del sábado fue la peor.
Vino a casa por la tarde, estuvimos viendo Tiempos Modernos, de Chaplin, le había dicho que le tenía que meter en el mundo del cine clásico, que ya era hora de ver buen cine. Le gustó la idea, empezamos a verla, comíamos palomitas, me daba la mano. Hicimos una pausa porque quería ir al baño, cuando volvió se inclínó sobre mí para besarme, me tumbó en el sofá y me abrazó, me dijo que estaba muy bien, que le estaba gustando mucho la película y que se sentía muy cómodo conmigo, en casa. Nadie se creería que estuviera viendo una peli muda, pero estaba la mar de bien.
La cena fue muy bien, luego estuvimos jugando al trivial, le gané, se supone que tenía que pedirle un deseo sexual, pero empezamos a hablar de cuando nos conocimos, del tiempo que había pasado. Quién me iba a decir que unos minutos después estaría metida en la otra cama, hablando a gritos de habitación a habitación y sin querer saber nada de él. El me llamaba, me decía que fuera a la cama, yo no tenía ninguna gana ni ninguna intención, al final vino él, pero yo me fui. Estuvimos discutiendo bastante, llegó a decir que si se iba no volvía, que me lo pensara bien, yo le decía que se lo pensara él, que a mí me daba igual.
Todo empezó porque él decía que estábamos juntos de casualidad, que habíamos llegado hasta aquí de casualidad. Yo le decía que no, que era por algo más, te conoces de casualidad, pero si sigues con alguien será por algo. El insistía que todo era pura casualidad, y a mí cada vez me cabreaba más que siguiera insistiendo en eso, porque me sentía fatal, como si no le importara. Para mí era como si dijera que igual que estaba conmigo podría estar con otra, que no era importante. El me decía que no era eso lo que significaba para él ese concepto.
No quise hablar más, estaba tan enfadada, tan dolida, que preferí dejar el tema.
Al día siguiente volvió a sacar la conversación tranquilamente, cuando los dos estábamos más calmados, para explicarme que él pensaba eso porque no habíamos hecho nada premeditadamente, que habían ido suceciendo las cosas pero sin planearlas. Que él estuvo a punto de irse a vivir con ella y no fue casualidad, era algo pensado, como si hubieran querido tener un hijo o algo así, todo pensado. Pero lo nuestro había ido surgiendo, y eso no es malo como yo me pensaba, sino que es casual porque sucede poco a poco.
No sonaba tan mal, pero no me convence mucho. Quizá soy muy clásica y me gusta que me digan eres mi novia y no dejarlo ahí que todo el mundo te lo dice menos él. Quizá me gusta que me digan te quiero. Porque aunque sé que es así, que me lo demuestra, que le duele que no valore los momentos que tenemos, aunque eso es opinión suya, o que cree que estaremos siempre juntos, nada me gustaría más que oir de su boca esas dos palabras.
Desde luego todo se arregló, menos mal que no soy orgullosa, siempre he pensado que el orgullo no te lleva a ninguna parte, en todo caso a perder.
El lunes estuvimos todo el día fuera, le acompañé a una entrevista de trabajo, y por cierto, por fin le han llamado de un sitio y empezará a primeros de mes.
Nos pusimos muy contentos, ahora solo tenemos que esperar a tener pasta para celebrarlo. Qué largo es enero Dios!
Ahora ya vuelve a hablar de independizarse, de buscar piso, pero ya no me dice nada de que me vaya con él. Yo no le digo nada tampoco, porque aunque me encantaría, me gustaría que me lo pidiese él, pero porque quiere, no por compartir gastos. Así que creo que no será.
Hacemos planes para irnos de viaje, seguimos viéndonos cada día, me dice que estamos condenados a estar siempre juntos, pero que es una bonita condena. Me encanta que me abrace cuando paseamos, que me dé un beso de repente, que se me quede mirando.
Pero luego de repente le entran las prisas por irse a casa a hacer algo, o me dice no bajes del coche no me vea mi padre, o cosas así que no cuadran con lo anterior. Supongo que si no fuera así, no sería él.
Aprovecharemos estos días hasta que empiece el trabajo para poder vernos todos los días, porque luego ya será más dificil con los turnos y eso. Además seguro que algún día dice que está cansado o que no le apetece, normal.
Yo estoy que no puedo con mi alma, y todos los día pienso, bueno mañana si eso no quedamos y me dedico a descansar y a ponerme al día de mis cosas, pero soy incapaz. Llega el día y ya estoy deseando que sean las dos y media para pasar a buscarle. Si se pone el día de llover pienso, bueno mira, así voy a la piscina o descanso. Pero cuando veo que las nubes no se van me da rabia no poder quedar.
Todo esto solo tiene una cosa mala, que desde que estoy tan bien y mucho más tranquila estoy empezando a engordar otra vez.
Será verdad que la felicidad engorda.
La del sábado fue la peor.
Vino a casa por la tarde, estuvimos viendo Tiempos Modernos, de Chaplin, le había dicho que le tenía que meter en el mundo del cine clásico, que ya era hora de ver buen cine. Le gustó la idea, empezamos a verla, comíamos palomitas, me daba la mano. Hicimos una pausa porque quería ir al baño, cuando volvió se inclínó sobre mí para besarme, me tumbó en el sofá y me abrazó, me dijo que estaba muy bien, que le estaba gustando mucho la película y que se sentía muy cómodo conmigo, en casa. Nadie se creería que estuviera viendo una peli muda, pero estaba la mar de bien.
La cena fue muy bien, luego estuvimos jugando al trivial, le gané, se supone que tenía que pedirle un deseo sexual, pero empezamos a hablar de cuando nos conocimos, del tiempo que había pasado. Quién me iba a decir que unos minutos después estaría metida en la otra cama, hablando a gritos de habitación a habitación y sin querer saber nada de él. El me llamaba, me decía que fuera a la cama, yo no tenía ninguna gana ni ninguna intención, al final vino él, pero yo me fui. Estuvimos discutiendo bastante, llegó a decir que si se iba no volvía, que me lo pensara bien, yo le decía que se lo pensara él, que a mí me daba igual.
Todo empezó porque él decía que estábamos juntos de casualidad, que habíamos llegado hasta aquí de casualidad. Yo le decía que no, que era por algo más, te conoces de casualidad, pero si sigues con alguien será por algo. El insistía que todo era pura casualidad, y a mí cada vez me cabreaba más que siguiera insistiendo en eso, porque me sentía fatal, como si no le importara. Para mí era como si dijera que igual que estaba conmigo podría estar con otra, que no era importante. El me decía que no era eso lo que significaba para él ese concepto.
No quise hablar más, estaba tan enfadada, tan dolida, que preferí dejar el tema.
Al día siguiente volvió a sacar la conversación tranquilamente, cuando los dos estábamos más calmados, para explicarme que él pensaba eso porque no habíamos hecho nada premeditadamente, que habían ido suceciendo las cosas pero sin planearlas. Que él estuvo a punto de irse a vivir con ella y no fue casualidad, era algo pensado, como si hubieran querido tener un hijo o algo así, todo pensado. Pero lo nuestro había ido surgiendo, y eso no es malo como yo me pensaba, sino que es casual porque sucede poco a poco.
No sonaba tan mal, pero no me convence mucho. Quizá soy muy clásica y me gusta que me digan eres mi novia y no dejarlo ahí que todo el mundo te lo dice menos él. Quizá me gusta que me digan te quiero. Porque aunque sé que es así, que me lo demuestra, que le duele que no valore los momentos que tenemos, aunque eso es opinión suya, o que cree que estaremos siempre juntos, nada me gustaría más que oir de su boca esas dos palabras.
Desde luego todo se arregló, menos mal que no soy orgullosa, siempre he pensado que el orgullo no te lleva a ninguna parte, en todo caso a perder.
El lunes estuvimos todo el día fuera, le acompañé a una entrevista de trabajo, y por cierto, por fin le han llamado de un sitio y empezará a primeros de mes.
Nos pusimos muy contentos, ahora solo tenemos que esperar a tener pasta para celebrarlo. Qué largo es enero Dios!
Ahora ya vuelve a hablar de independizarse, de buscar piso, pero ya no me dice nada de que me vaya con él. Yo no le digo nada tampoco, porque aunque me encantaría, me gustaría que me lo pidiese él, pero porque quiere, no por compartir gastos. Así que creo que no será.
Hacemos planes para irnos de viaje, seguimos viéndonos cada día, me dice que estamos condenados a estar siempre juntos, pero que es una bonita condena. Me encanta que me abrace cuando paseamos, que me dé un beso de repente, que se me quede mirando.
Pero luego de repente le entran las prisas por irse a casa a hacer algo, o me dice no bajes del coche no me vea mi padre, o cosas así que no cuadran con lo anterior. Supongo que si no fuera así, no sería él.
Aprovecharemos estos días hasta que empiece el trabajo para poder vernos todos los días, porque luego ya será más dificil con los turnos y eso. Además seguro que algún día dice que está cansado o que no le apetece, normal.
Yo estoy que no puedo con mi alma, y todos los día pienso, bueno mañana si eso no quedamos y me dedico a descansar y a ponerme al día de mis cosas, pero soy incapaz. Llega el día y ya estoy deseando que sean las dos y media para pasar a buscarle. Si se pone el día de llover pienso, bueno mira, así voy a la piscina o descanso. Pero cuando veo que las nubes no se van me da rabia no poder quedar.
Todo esto solo tiene una cosa mala, que desde que estoy tan bien y mucho más tranquila estoy empezando a engordar otra vez.
Será verdad que la felicidad engorda.
miércoles, 9 de enero de 2008
Lo que nunca cuento
Casi siempre estoy contando los malos ratos que tenemos para desahogarme, los malos ratos que me hace pasar.
Y cada egoísta, caradura o listillo que leo se me clavan como cuchillos. Porque hay muchas cosas que no cuento de él, cosas que me encantan y que son las que compensan la balanza.
Nunca he contado que me atrae tanto físicamente que no sé cómo explicarlo, es mi ideal de chico. Más joven que yo, moreno, pelo muy corto, alto, deportista, ojos marrones y almendrados y que le brillan de una forma especial. Tiene una piel supersuave, una caricia suya es como sentir las nubes.
No he contado que es muy educado, que es algo que valoro mucho en la gente, que aunque a veces no lo parezca y yo se lo digo, es muy sensible, le afectan las cosas más de lo que parece, o más de lo que hace ver.
Le encantan los animales, tiene un amor hacia cualquier clase de bicho que no habia visto nunca en nadie. Un día que fuimos a jugar a basket la cancha estaba llena de caracoles porque había llovido, caracoles muy pequeños, y nos pegamos no sé cuánto rato apartándolos todos para no pisar ninguno.
Teniaís que haberle visto un día que fuimos a un parque de loros, que podías entrar en las jaulas que eran enormes y dar de comer a los pájaros en tu mano. Se le iluminaba la cara de ver a esos animalillos en su mano, disfrutaba de su belleza. Se le veía feliz. Ese día me sentí tan bien de estar con él.
Con él he aprendido a ver y sentir la naturaleza de otro modo. Me fijo en cosas que antes no me fijaba, lo veo con otros ojos.
Me habla de cualquier tipo de animal y me cuenta mil cosas y curiosidades.
Le encanta ver documentales de cualquier tipo, y le encanta contármelos y decirme todo lo que ha aprendido o le ha sorprendido.
Nunca digo lo que me hace reir. Tiene una forma de decir las cosas que te ríes aunque no quieras, es gracioso, es divertido. Le gusta mucho salir, la música, hacer planes.
Le gusta ir al cine y comer palomitas. Todo va en un pack, si no hay palomitas no hay peli. Es así de especial. Y a mí me se me cae la baba con esas cosas que tiene.
Siempre que salimos comentamos la película, hacemos un debate sobre lo que hemos visto y empezamos a filosofar y a arreglar el mundo.
Me encantan esas conversaciones con él. Hablamos de cualquier tema, a veces hasta llegamos a discutir por defender cada uno su punto de vista, por intentar convencer al otro de que tenemos razón.
Le gusta pensar en los misterios de la vida, del universo, de dónde venimos, cómo funcionamos...
Le encanta viajar, le gusta aprovechar el tiempo cuando vamos a algún sitio, conocer sitios nuevos, otras culturas.
Nunca cuento que cada vez que cenamos o comemos juntos lo primero que hacemos es brindar, y dice por nosotros, por este día especial, por que no nos separemos. Siempre algo que me hace sonreir y no poder apartar la mirada de sus ojos.
Nunca digo lo bien que me hace sentir cuando estoy a su lado, no tengo miedo a nada, me olvido de todo, es como si nada más existiera.
Siempre está metiéndose conmigo en broma, pero cuando se pone es la persona más dulce que hay en la tierra, muy cariñoso. Me abraza por la espalda, me aprieta fuerta, y me muerde en un brazo. Me abraza, me mira y me dice qué guapa estás hoy. Me encanta cuando me dice no te vayas, o no cambies nunca, o lo mejor que me ha dicho: junto con mis padres eres la única persona en la que confío al cien por cien.
Podría seguir escribiendo hasta mañana, tantas cosas buenas tiene y tantas cosas me gustan de él, pero creo que lo dejaré para otro día para no subir los niveles de azúcar.
Y cada egoísta, caradura o listillo que leo se me clavan como cuchillos. Porque hay muchas cosas que no cuento de él, cosas que me encantan y que son las que compensan la balanza.
Nunca he contado que me atrae tanto físicamente que no sé cómo explicarlo, es mi ideal de chico. Más joven que yo, moreno, pelo muy corto, alto, deportista, ojos marrones y almendrados y que le brillan de una forma especial. Tiene una piel supersuave, una caricia suya es como sentir las nubes.
No he contado que es muy educado, que es algo que valoro mucho en la gente, que aunque a veces no lo parezca y yo se lo digo, es muy sensible, le afectan las cosas más de lo que parece, o más de lo que hace ver.
Le encantan los animales, tiene un amor hacia cualquier clase de bicho que no habia visto nunca en nadie. Un día que fuimos a jugar a basket la cancha estaba llena de caracoles porque había llovido, caracoles muy pequeños, y nos pegamos no sé cuánto rato apartándolos todos para no pisar ninguno.
Teniaís que haberle visto un día que fuimos a un parque de loros, que podías entrar en las jaulas que eran enormes y dar de comer a los pájaros en tu mano. Se le iluminaba la cara de ver a esos animalillos en su mano, disfrutaba de su belleza. Se le veía feliz. Ese día me sentí tan bien de estar con él.
Con él he aprendido a ver y sentir la naturaleza de otro modo. Me fijo en cosas que antes no me fijaba, lo veo con otros ojos.
Me habla de cualquier tipo de animal y me cuenta mil cosas y curiosidades.
Le encanta ver documentales de cualquier tipo, y le encanta contármelos y decirme todo lo que ha aprendido o le ha sorprendido.
Nunca digo lo que me hace reir. Tiene una forma de decir las cosas que te ríes aunque no quieras, es gracioso, es divertido. Le gusta mucho salir, la música, hacer planes.
Le gusta ir al cine y comer palomitas. Todo va en un pack, si no hay palomitas no hay peli. Es así de especial. Y a mí me se me cae la baba con esas cosas que tiene.
Siempre que salimos comentamos la película, hacemos un debate sobre lo que hemos visto y empezamos a filosofar y a arreglar el mundo.
Me encantan esas conversaciones con él. Hablamos de cualquier tema, a veces hasta llegamos a discutir por defender cada uno su punto de vista, por intentar convencer al otro de que tenemos razón.
Le gusta pensar en los misterios de la vida, del universo, de dónde venimos, cómo funcionamos...
Le encanta viajar, le gusta aprovechar el tiempo cuando vamos a algún sitio, conocer sitios nuevos, otras culturas.
Nunca cuento que cada vez que cenamos o comemos juntos lo primero que hacemos es brindar, y dice por nosotros, por este día especial, por que no nos separemos. Siempre algo que me hace sonreir y no poder apartar la mirada de sus ojos.
Nunca digo lo bien que me hace sentir cuando estoy a su lado, no tengo miedo a nada, me olvido de todo, es como si nada más existiera.
Siempre está metiéndose conmigo en broma, pero cuando se pone es la persona más dulce que hay en la tierra, muy cariñoso. Me abraza por la espalda, me aprieta fuerta, y me muerde en un brazo. Me abraza, me mira y me dice qué guapa estás hoy. Me encanta cuando me dice no te vayas, o no cambies nunca, o lo mejor que me ha dicho: junto con mis padres eres la única persona en la que confío al cien por cien.
Podría seguir escribiendo hasta mañana, tantas cosas buenas tiene y tantas cosas me gustan de él, pero creo que lo dejaré para otro día para no subir los niveles de azúcar.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)